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Defensa de la Libertad de Expresión Artística

2 de marzo de 2021

«Patria y vida», la canción de protesta que cuestiona al régimen cubano

(Clarín) La canción defiende la idea de la vida como principio universal, “somos todos humanos, aunque pensemos diferentes”, se opone al adoctrinamiento, en cuanto palabras vacías que se estrellan con la realidad de la pobreza, de las madres que lloran porque sus hijos emigran. Es un fenómeno de clases: son raperos, de barrio, afrodescendientes, los marginados que la revolución venía a salvar y no hizo más que hundir.
Por Cecilia Noce

Este 3 de marzo se realiza el Music Freedom Day, organizado por la ONG danesa Freemuse desde 2007, una celebración de la libertad de expresión artística, como un derecho humano y un homenaje a los artistas que crean y ejercen sus derechos en contextos autoritarios.

Abundan los ejemplos de poetas, cineastas, músicos que se convirtieron en catalizadores, como los llamó Guillermo O’Donnell,  de procesos de liberalización, rostros emblemáticos de la lucha por la democracia. En Serbia, a finales de la década de 1990, el Exit Festival logró reunir a lo jóvenes en una causa común, las fiestas y la lucha contra la intervención en las universidades por parte del régimen comunista (la Ley de Universidades). Con el tiempo, se convirtió en un fenómeno social que jugó un rol importante en la búsqueda de una sociedad democrática e inclusive apoyó otros procesos democratizadores en el mundo. Aún hoy, artistas en distintos países luchan por mayores grados de apertura y libertad en Turquía, Irán, Rusia, Venezuela, China, Tailandia, Cuba.

En el pasado mes de febrero, seis músicos cubanos provenientes del rap y del hip hop lanzaron el tema “Patria y vida”, que ha provocado fuertes reacciones por parte del gobierno cubano. Tal ha sido el impacto, que el aparato oficial de información y propaganda lleva días dedicándoles toda su atención, incluidas las primeras planas del diario Granma.

La reacción del régimen frente a una simple canción ha sido un acto de supervivencia. “Patria y vida”, junto a sus seis intérpretes, lleva la discusión al plano de la cultura, de la cultura popular, dimensión en la que el régimen siempre se ha parapetado. Desde allí, discute narrativas fundamentales para la legitimación de la revolución dentro y fuera de la isla, empezando por el título, un juego de palabras contra la falsa dicotomía de “patria o muerte”. La canción defiende la idea de la vida como principio universal, “somos todos humanos, aunque pensemos diferentes”, se opone al adoctrinamiento, en cuanto palabras vacías que se estrellan con la realidad de la pobreza, de las madres que lloran porque sus hijos emigran.  

“Patria y vida” es un fenómeno generacional. Los “dobles dos” para referirse a quiénes viven y se adueñan del presente contra los “cinco nueve” de quienes viven atrapados en el pasado revolucionario. Es un fenómeno de clases: son raperos, de barrio, afrodescendientes, los marginados que la revolución venía a salvar y no hizo más que hundir. Es un fenómeno de redes. La tecnología de las redes sociales ha abierto nuevos espacios de representación, de pensamiento e inclusive de consumo que el gobierno no logra controlar. En este caso, ha permitido la circulación rápida y un impacto de millones de visualizaciones en apenas dos días.

“Patria y vida” es un fenómeno de audiencia por ser una gran canción, con tremendas voces que logra expresar un descontento real que el gobierno es incapaz de entender y enfrentar. La expresión artística tiene muchas veces esa capacidad de captación y síntesis, una sensibilidad que permite movilizar a las audiencias, crear comunidad de significados, allí donde no las había.

¿Es suficiente con artistas  que funcionen de catalizadores para generar un proceso de democratización? No. No es suficiente. Se necesita de la comunidad internacional, de las elites, de la gente, de la suerte. Pero que una canción de rap y hip hop que defiende la vida, la libertad y los derechos humanos sea un éxito lleva, al menos, a ilusionarnos.

Cecilia Noce
Cecilia Noce
Doctoranda en Ciencias Sociales Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, beca UBACyT (Universidad de Buenos Aires); Maestría en Sociología de la cultura y análisis cultural, Instituto de Altos Estudios Sociales, Universidad Nacional de San Martín, Argentina- Año 2014; Postgrado Internacional “Gestión y Política en la comunicación y cultura”, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Año 2005; Licenciada en Letras, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires; e Investigadora del Grupo de Estudios de Asia y América Latina, Instituto de Estudios sobre América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.
 
 
 
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