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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos

18 de abril de 2021

Nuevos retumbos geopolíticos

(La Nación, Costa Rica) Difícilmente Rusia, China, Irán, Israel, Estados Unidos o Europa tengan intenciones de pasar de la competencia de fuerza al uso de esta en el terreno. Pero tampoco puede descartarse que una pérdida de control sobre las teclas de sus respectivos aparatos políticos y militares genere las chispas de posibles confrontaciones.
Por Eduardo Ulibarri

Biden - Putin

(La Nación, Costa Rica) Las ondas de tensión geopolítica han crecido en semanas recientes a niveles inusuales. Por ahora, su desenlace es impredecible. En el mejor de los casos, pueden conducir a reacomodos de percepciones o realidades que fluyan hacia una aceptable normalidad; en el peor, generar conflictos severos, de consecuencias perturbadoras.

Si digo lo anterior es, sobre todo, por los siguientes hechos, de reciente factura:

Frentes rusos.- Este jueves 15 de abril, el presidente Joe Biden anunció la mayor serie de sanciones –esencialmente financieras-- impuestas por Estados Unidos a Rusia desde tiempos de la Guerra Fría. También incluyen la expulsión de diez diplomáticos.

Las decretó como represalia por las campañas de desinformación orquestadas por Moscú en las elecciones de 2016 y 2020, y por una serie de demoledoras operaciones de hackeo a sensibles sistemas de cómputo privados y estatales. Una vocera del ministerio de Relaciones Exteriores ruso declaró que sería “inevitable” una respuesta. El viernes 16, su gobierno ordenó la salida de igual número de funcionarios estadounidenses y anunció otras acciones.

El martes 13, durante una conversación con su colega Vladimir Putin, Biden le había advertido que actuaría para “defender los intereses” de su país; además, le propuso reunirse para reencauzar las relaciones entre las dos potencias. Posteriormente dijo que Estados Unidos actuaría con mesura.

En Bruselas, el Consejo de la alianza atlántica (OTAN) dio respaldo a las represalias. Washington, por su parte, se unió a los europeos en sancionar a ocho personas y entidades asociadas con la anexión rusa de Crimea en el 2014.

Entre tanto, las tensiones en la frontera este de Ucrania han llegado a un grado extremo, debido a un masivo despliegue militar ordenado por Putin en la zona, y la amenaza de posible invasión a la región de Dombás, controlada por fuerzas anexionistas respaldadas por Moscú, que también aporta mercenarios. Tanto Estados Unidos como la OTAN han declarado su apoyo al gobierno ucraniano y advertido sobre las consecuencias de una nueva intervención rusa, que sería catastrófica para la soberanía ucraniana y la estabilidad en el Cáucaso.

Empoderamiento chino.- El lunes 12, dos docenas de aviones militares chinos, entre ellos cazas de combate y bombarderos con capacidad nuclear, violaron el espacio aéreo de Taiwán. Las incursiones de esta índole, incluida la penetración de naves militares en sus aguas territoriales, han sido frecuentes desde hace dos meses. El domingo 11, Antony Blinken, secretario de Estado estadounidense, advirtió a Pekín de que una interferencia directa en la isla sería “un error muy serio”.

A este foco de tensión sino-occidental se unen la feroz arremetida contra la autonomía funcional y la democracia en Hong Kong y las profundas violaciones a los derechos humanos de la etnia musulmana uigur, en la provincia de Xinjiang, que Estados Unidos ha calificado de genocidio. Y no olvidemos las tensiones comerciales y la competencia por tecnologías de punta entre ambos países, de carácter estructural.

Irán, Israel y Afganistán.- También el domingo, un eficaz sabotaje, atribuido con certeza a Israel, causó severos daños a la central nuclear de Natanz, en Irán. Como reacción, su gobierno anunció que añadiría mil nuevas centrífugas a su operación y que comenzaría el enriquecimiento de uranio con un 60% de pureza, con lo cual se acerca más al 90% necesario para la construcción de explosivos.

Israel, que ya posee armas nucleares, está empeñado en impedir que Irán las tenga, y quizá no dudaría en acudir a acciones más directas si el riesgo aumentara en exceso. El único matiz positivo es que el régimen de Teherán decidió continuar sus contactos indirectos con Estados Unidos, encaminados a una posible aplicación plena del tratado multilateral suscrito en 2015, que Donald Trump abandonó en el 2018 y los iraníes han debilitado aceleradamente desde entonces.

El miércoles 14, Biden anunció que el 1° de mayo comenzará el retiro de las tropas estadounidenses que permanecen en Afganistán; los aliados de la OTAN harán lo mismo.

El proceso culminará el 11 de setiembre, duodécimo aniversario del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, que detonó el inicio de la guerra más larga, costosa e indefinida en la historia de Estados Unidos. Ahora su presencia será indirecta, mediante espionaje, entrenamiento y el uso de poderosos juguetes bélicos controlados remotamente.

El vacío que se producirá en la zona, a pesar de la guerra a distancia que sustituirá a la de cercanía, augura nuevos y serios problemas.

Posibles trasfondos.- Hacía años que no coincidían tantos y tan serios focos de conflicto en el escenario internacional. Sus móviles y detonantes son muchos, y muy diversos. Entre las hipótesis que considero más razonables para explicarlos están las siguientes:

• Rusia, en Ucrania, y China, en Taiwán, han decidido poner a prueba la determinación y ámbitos de reacción de la nueva administración estadounidense. Biden, por su parte, ha decidido aplicar una política más firme hacia Moscú y más estratégica hacia Pekín.

• China, más que prepararse para una guerra de conquista contra la tenaz y exitosa democracia taiwanesa –algo que tampoco puede descartarse--, quiere amedrentarla, frenar cualquier ímpetu independentista y marcar mejor sus “líneas rojas” en relación con la isla rebelde, hacia la cual los estadounidenses, desde época de Trump, han tenido crecientes gestos de apoyo.

• Estados Unidos, con sus sanciones a Rusia, está recuperando un terreno que Trump, por complicidad o ignorancia, cedió a Putin. Además, lo admiraba como autócrata exitoso en el mantenimiento del poder, y le agradecía el “empujón” favorable a su campaña electoral del 2016.

• Europa ha aquilatado mucho mejor los enormes desafíos que la voluntad expansionista rusa, aunque asentada en los pies de barro de una economía dependiente de los hidrocarburos, presenta a la seguridad continental. A la vez, ha endurecido su postura hacia China, mientras el distanciamiento con Estados Unidos generado por la anterior administración, ha dado paso a esfuerzos por reconstituir la tradicional alianza atlántica.

• Israel, con su ataque clandestino, no solo trata de ralentizar el programa nuclear iraní, a lo cual han contribuido otros atentados, sino también descarriar sus incipientes negociaciones con Estados Unidos. Irán ha anunciado represalias, pero necesita tanto el levantamiento de las sanciones impuestas por Washington, que hará lo posible porque las acciones israelíes no den al trasto con el proceso emergente.

Cálculos y riesgos.- En su despliegue de determinación, o de acción-reacción, Occidente está actuando en forma adecuada y calculada ante Rusia y China. Tolerar sus políticas expansivas, impositivas o agresivas alimentaría aún más los ímpetus de ambos regímenes, así como su violación a normas esenciales para la convivencia internacional.

Presumo que Europa, Estados Unidos y sus grandes aliados en Asia (Japón, Australia e India), mantendrán la racionalidad. sus adversarios saben los límites que no deben pasar y evitarán hacerlo.

Sin embargo, en un clima de tensión como el que se ha generado, la posibilidad de malos cálculos, errores graves, accidentes, lecturas parciales de las contrapartes o ímpetus aventureros para complacer clientelas nacionales, pueden dar al traste con los buenos cálculos. Este es el gran riesgo que existe.

Difícilmente Rusia, China, Irán, Israel, Estados Unidos o Europa tengan intenciones de pasar de la competencia de fuerza al uso de esta en el terreno. Pero tampoco puede descartarse que una pérdida de control sobre las teclas de sus respectivos aparatos políticos y militares genere las chispas de posibles confrontaciones.

Vivimos, como postula el título de la última novela de Mario Vargas Llosa, tiempos recios; si lo prefieren, momentos de intensas pruebas geopolíticas. Esperemos que su desenlace, o evolución, permitan un cambio sereno y realista de expectativas, capaz de reconstituir una cierta estabilidad. Por desgracia, tampoco podemos descartar algún severo vendaval.

Eduardo Ulibarri
Eduardo Ulibarri
Catedrático universitario y columnista del diario La Nación, de Costa Rica, del cual fue director entre 1982 y 2003. Entre agosto de 2010 y junio de 2014 sirvió como embajador y representante permanente de Costa Rica ante las Naciones Unidas. Autor de libros sobre periodismo y temas de actualidad, es catedrático en la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la Universidad de Costa Rica. Fue presidente del Instituto de Prensa y Libertad de Expresión (IPLEX) entre 2005 y 2010; presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (1991-1994), y miembro de la directiva (1989-2002) y del consejo consultivo (desde 2002) del International Center for Journalists, Washington, D.C. Actualmente forma parte de la junta directiva de Aldesa Corporación de Inversiones y es miembro del Comité de Programas de la Fundación CRUSA. Ha recibido la Medalla por Servicios Distinguidos en Periodismo de la Universidad de Missouri, en 1989; el premio María Moors Cabot, de la Universidad de Columbia (Nueva York), en 1996, y el Premio Nacional de Periodismo de Costa Rica, en 1999. Estudió en las universidades de Costa Rica (licenciatura en Comunicación, 1974), Missouri (maestría en Periodismo, 1976) y Harvard (Niemann Fellow, 1988).
 
 
 
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