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Monitoreo de la gobernabilidad democrática

7 de mayo de 2021

Nuevo gobierno y nuevas posibilidades en Montenegro

El cambio de gobierno trae algunos aires de modernización como el intento de tener una burocracia profesional, que luche contra la corrupción. Además, se propone retomar el control y mejorar la reputación de las políticas públicas en diferentes áreas del país, así como acercar a Montenegro a la Unión Europea con el fin de alcanzar beneficios económicos y comerciales. Sin embargo, el tinte etnicista del Primer Ministro y de su gobierno no pasan desapercibidos, así como tampoco la creciente influencia de países como Rusia y Serbia.
Por Lucía Hukovsky

Zdravko Krivokapić  -  Milo Đukanović

El Partido Democrático de los Socialistas (PDS) llevaba casi tres décadas ininterrumpidas en el poder de Montenegro cuando, el año pasado, la coalición Por el Futuro de Montenegro (PFM) logró desplazarlo en las urnas. El nuevo Primer Ministro, Zdravko Krivokapić, asumió en diciembre y es oficialmente independiente, aunque representa a la gran alianza de siete partidos constituida con el objetivo de derrotar al PDS. Sin embargo, Milo Đukanović, líder del PDS, mantiene su puesto presidencial ¿Quién tiene hoy el poder en Montenegro?

Đukanović ocupó diversos cargos políticos desde 1991 y logró consolidarse como la figura más fuerte del país. Su poder y represión llevó a que se persiguiera y encarcelara a opositores. Por ejemplo, en 2019 fueron sentenciadas a prisión dos opositoras acusadas de intentar un golpe de Estado en 2016, de acuerdo a Freedom House. Adicionalmente, Reporters without Borders denunció el frecuente hostigamiento del gobierno a medios de comunicación y a periodistas, y los límites a la libertad de expresión en el país. Por otro lado, Đukanović fue nombrado en 2015 por la organización Organized Crime and Corruption Reporting Project como “la persona que más ha hecho en el mundo para promover la actividad criminal organizada y la corrupción”.

Pero el punto de quiebre fue en 2019, cuando se realizaron grandes protestas por la aprobación de una ley que afectaba los intereses de la Iglesia Ortodoxa Serbia en Montenegro, beneficiando a la Iglesia Ortodoxa de Montenegro, institución pequeña que no cuenta con mayor reconocimiento ni adeptos. La nueva normativa permitiría al Estado montenegrino expropiar bienes inmuebles eclesiásticos.

A las protestas y el clima represivo se sumó en 2020 la pandemia de Coronavirus. El gobierno del PDS prohibió la circulación y las manifestaciones pacíficas. En mayo de 2020, autoridades policiales detuvieron violentamente y utilizando gas lacrimógeno a un obispo y a sacerdotes por manifestarse en contra de la ley religiosa, mientras que en distintas localidades también se dispersó con gas lacrimógeno a fieles ortodoxos. En junio, la policía golpeó a manifestantes durante una protesta en la ciudad costera de Budva.

El rechazo a esta ley y las protestas en contra del PDS, llevaron a la creación de una oposición con una impronta pro-Serbia. Este nuevo actor proponía una lucha contra la corrupción y el clientelismo a partir de la incorporación de un plantel de funcionarios profesionales. En el ámbito internacional, planteó fortalecer las alianzas con Europa mediante la OTAN, lo que el nuevo Primer Ministro ve como una ventana para unirse a la Unión Europea. Por otro lado, hay sectores del nuevo gobierno que apuntan a un acercamiento con Serbia e incluso hablan de reunificación, tras 15 años de independencia.

Pero el fin del gobierno del PDS no es necesariamente algo positivo. Uno de los objetivos del nuevo gobierno es normalizar y mejorar las relaciones con Serbia. Vladimir Leposavic, nuevo ministro de Justicia y Derechos Humanos y de Minorías, nombrado por Zdravko Krivokapić, dijo públicamente que no compartía la decisión de la Corte de La Haya de denominar como un genocidio a la matanza de ocho mil bosnios musulmanes en Srebrenica a manos de fuerzas serbobosnias, en 1995. El ministro descartó que se tratara de un crimen contra la humanidad con raíces de intolerancia étnica. Aunque el jefe de gobierno le haya pedido la renuncia, su inclinación étnica es evidente.

Por otro lado, en marzo el presidente de la Agencia de Seguridad Nacional Dejan Vukšić filtró información confidencial de seguridad de la OTAN. Esta es la segunda vez que el gobierno del país sufre filtraciones de información, lo que deja en evidencia la red de corrupción que existe en las instituciones políticas montenegrinas. Lo alarmante de esta nueva situación son las supuestas conexiones de Vukšić con Rusia y que el Kremlin celebró su creciente influencia sobre los servicios de seguridad de Montenegro.

Hoy el país sigue tan dividido como antes de las elecciones parlamentarias de 2020. En ese sentido es relevante que el censo poblacional que se realizará en 2021 contendrá preguntas de carácter etnico y religioso que solo servirán para polarizar más a la población.

El cambio de gobierno en Montenegro sí trae algunos aires de modernización como el intento de tener una burocracia tecnocratizada y profesional, que luche contra la corrupción. Además, se propone retomar el control y mejorar la reputación de las políticas públicas en diferentes áreas del país, así como acercar a Montenegro a la Unión Europea con el fin de alcanzar beneficios económicos y comerciales. Sin embargo, el tinte etnicista del Primer Ministro y de su gobierno no pasan desapercibidos, así como tampoco la creciente influencia de países como Rusia y Serbia. En este sentido, la amenazante polarización dentro de la sociedad entre serbios y étnicamente montenegrinos podría escalar hasta generar eventos violentos en la población.

Lucía Hukovsky
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