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Defensa de la Libertad de Expresión Artística

23 de mayo de 2021

La violencia de Estado sobre el campo cultural en el primer año de la pandemia

El Informe “El estado de la libertad artística” proyecta una mirada de carácter global, pero focaliza su atención sobre 15 países, en un intento por mostrar en escala lo que acontece en el resto de las naciones: Bangladesh, Bielorrusia, Brasil, China, Cuba, Egipto, India, Irán, Kenia, Kuwait, Nigeria, Rusia, Turquía, Uganda y Estados Unidos son los países analizados por Freemuse. Sin embargo, y como bien lo deja claro el Informe, no hay continente, no hay región del mundo en el que a lo largo del año pandémico no se haya registrado violencia de Estado sobre el campo cultural.
Por Rubén Chababo

Luis Manuel Otero Alcántara detenido por la policía en Cuba

Nadie lo duda, el año 2020 habrá de pasar a la memoria colectiva de decenas de millones personas en el mundo como uno de los más singulares y dolorosos de la historia contemporánea. Un año en el que la Humanidad comenzó a verse amenazada por la presencia de un virus que golpeó con dureza a casi todos los países del mundo con un saldo inimaginable de personas enfermas y fallecidas.

Desde el primer indicio de la peligrosidad de la pandemia, los Estados debieron abocarse a brindar respuestas frente a un fenómeno sanitario y de impacto social para el que la gran mayoría de las sociedades no estaba preparada, algunos países lo hicieron imponiendo restricciones muy duras, otros más laxas, minimizando la importancia de una pandemia que hoy, cuando se escriben estas líneas, ya no puede ser ignorada y que ha alcanzado cotas dramáticas.

La pandemia golpeó desde sus inicios a todos los sectores sociales y económicos, y el campo cultural no estuvo ni está exento de la dureza de ese impacto. La creación artística es sinónimo de autonomía y de libertad, y en un tiempo sujeto a restricciones y controles exhaustivos sobre la vida pública, los artistas también sufren el efecto de esas medidas. Si en tiempos de “normalidad” es común que el campo cultural deba sortear obstáculos y limitaciones impuestas por el poder, en tiempos excepcionales como los que se viven, esos obstáculos y limitaciones se multiplican. Lo cierto es que en el caso de los países que ya ofrecían ejemplos reprochables de vigilancia social, la pandemia no ha hecho otra cosa que “servir” como excusa para justificar, en pos de “garantizar el bien común”, la exacerbación de violencias estatales que, desde una perspectiva basada en los derechos humanos son, no cabe duda, imposibles de avalar.

Informe Freemuse 2021Desde hace años, Freemuse, organización no gubernamental con sede en Dinamarca y con estatus de consultora para Naciones Unidas y Unesco viene presentando informes anuales, los cuales se han convertido en un registro inestimable para analizar la relación arte – libertad de expresión en el mundo contemporáneo. El último de estos informes, correspondiente al año 2020, fue presentado el 25 de febrero pasado y cada una de sus páginas no hacen más que poner de manifiesto la situación de altísima gravedad padecida por decenas de miles de artistas a escala global que desarrollan sus propuestas en los más diversos campos creativos, tales como la música, la perfomance, la historieta, el dibujo, el teatro, la poesía, las artes plásticas. Es cierto, y así lo revelan las páginas del Informe, no se trata de una situación homogénea. La incertidumbre y la acechanza sobre el mundo cultural varía según la solidez de las instituciones y de las democracias donde artistas e intelectuales desarrollan sus vidas, pero así y todo, en el corazón mismo de sociedades con democracias consolidadas como es el caso de los Estados Unidos y de buena parte de los países europeos, también allí se han registrado y registran graves atropellos a las libertades.

El Informe “El estado de la libertad artística” proyecta una mirada de carácter global, pero focaliza su atención sobre 15 países, en un intento por mostrar en escala lo que acontece en el resto de las naciones: Bangladesh, Bielorrusia, Brasil, China, Cuba, Egipto, India, Irán, Kenia, Kuwait, Nigeria, Rusia, Turquía, Uganda y Estados Unidos son los países analizados por Freemuse. Sin embargo, y como bien lo deja claro el Informe, no hay continente, no hay región del mundo en el que a lo largo del año pandémico no se haya registrado violencia de Estado sobre el campo cultural.

Así, en 2020, 17 artistas fueron asesinados en seis países (11 en México, 2 en Iraq y 1 en Etiopía, Bielorrusia, Francia y Sudáfrica), 82 fueron encarcelados en 20 países, 133 detenidos en 26 países (22 en Cuba, 17 en Rusia, 17 en Turquía y 11 en India) y 107 han sufrido persecución en 27 países. El 45% de los artistas perseguidos en 2020 lo fueron por creaciones relacionadas con el covid-19 y el 71% de las detenciones obedeció a la expresión de cuestiones políticas expresadas en sus obras artísticas, siendo las disciplinas más castigadas las artes visuales, con 238 casos documentados en 53 países, y la música, con 236.

A las ya conocidas acciones de censura del pasado, en el 2020 se sumaron aquellas relacionadas con artistas que cuestionaron, las más de las veces en clave irónica, las disposiciones oficiales de encierro dispuestas para la población en general, o que osaron expresar verbalmente ideas contrarias acerca de los procedimientos dispuestos por los Estados para frenar el avance de la pandemia. La desmesura de las respuestas estatales frente a estos planteos se tradujo, en muchos casos, en hostigamiento a través de las redes sociales, acallamiento de sus voces mediante acciones represivas y hasta encarcelamiento, siendo utilizada la pandemia de COVID-19 para restringir en forma desproporcionada la libertad de expresión, apuntando especialmente a los críticos del gobierno. Como lo expresa el Informe “…por lo menos 65 artistas fueron detenidos, procesados ​​o encarcelados por hablar sobre la forma en que la pandemia fue gestionada en sus países, los que también fueron procesados bajo las llamadas leyes de difamación e ‘insulto’ por sus expresiones, en las que presuntamente se burlaban de autoridades o personas en particular por una respuesta inadecuada frente al avance del virus. Otros artistas fueron acusados ​​de compartir información que probablemente podría ser calificada de agente de pánico en la sociedad”. Excusas, para justificar procedimientos de fuerte contenido coercitivo. 

La bailarina y modelo Salma Al-Shimi arrestada por publicar fotografías tomadas frente a una pirámide en la zona arqueológica de Saqqara.
La bailarina y modelo Salma Al-Shimi arrestada por publicar fotografías tomadas frente a una pirámide en la zona arqueológica de Saqqara.

En el contexto de la pandemia tampoco dejaron de ocurrir hostigamientos para aquellos artistas o grupos de artistas que ya venían impulsando reivindicaciones en el campo del género, especialmente aquellos artistas que buscaban y buscan hacer visible las históricas violencias que se descargan sobre los miembros de la comunidad LGTBI o quienes intentan denunciar la perduración de modelos patriarcales de dominación sobre el amplio universo femenino. Lo mismo para aquellos que siguieron expresando su rechazo a la segregación religiosa y étnica o la naturalización de la xenofobia y el racismo fuertemente arraigados en el seno de sus propias sociedades. Estas expresiones artísticas o manifestaciones públicas difundidas tantas veces a través de las redes sociales y que reivindicaban el derecho a la libertad de expresión o que buscaban hacer visible la negación de derechos por parte de los Estados, fueron señaladas, en muchos casos, como responsables de generar desorden social y bastó esta razón como excusa suficiente para que se arremetiera contra ellos. La razón de estado amenazada, los valores morales y tradicionales de la sociedad puestos en peligro fueron esgrimidos como motivos suficientes para que las fuerzas del orden procedieran a la censura, el hostigamiento o el encarcelamiento.

La actriz y directora de cine afgana Saba Sahar recibió un disparo en el estómago en Kabul

La acusación de promover acciones terroristas o de estar poniendo en riesgo la seguridad nacional bastaron también en muchos casos como motivo suficiente para que los Estados hicieran caer el peso de su fuerza sobre muchos creadores. Así, el temor que la pandemia y sus efectos produjo en el seno de la mayoría de nuestras sociedades fueron utilizados como vía regía para justificar el aplastamiento de acciones críticas como las reuniones públicas o marchas en las que se reclamaba la vigencia de un derecho considerado inalienable.

Como ya se expresó más arriba, ninguna de estas acciones represivas aquí detalladas tuvo carácter inédito en la mayoría de las sociedades sobre las que hace foco el Informe, lo inédito radica en la singularidad del contexto pandémico en el que se produjeron y en el uso y abuso de la pandemia como justificación de la legalidad de las violencias estatales.

El cantante de gospel Yahaya Sharif-Aminu condenad0 a muerte por compartir una canción que contiene una referencia al Profeta Muhammad. Foto: Instagram
El cantante de gospel Yahaya Sharif-Aminu condenad0 a muerte por compartir una canción que contiene una referencia al Profeta Muhammad. Foto: Instagram

Freemuse no solo denuncia sino que también se ocupa en su capítulo final de elevar una serie de recomendaciones dirigidas a los Estados, y al amplio espectro de las organizaciones internacionales y de la sociedad civil, con el fin de contribuir a esclarecer y por ende garantizar la vigencia del derecho a la libertad de expresión.  

El Informe Freemuse 2020 debiera ser considerado, no solo como una herramienta de utilidad fundamental para aquellos que trabajan por garantizar derechos alrededor del mundo, sino que además debiera ser visto como un trágico espejo que nos devuelve una imagen del estado global de las libertades públicas amenazadas en este presente, en el que ni la pandemia ha cedido su fuerza homicida ni los Estados su arrogancia y violencia a la hora de justificar sus atropellos.

El Informe de Freemuse nos advierte que vivimos en un mundo con derechos y libertades en peligro y que no son los artistas e intelectuales los únicos que están en riesgo a pesar de que su mirada esté focalizada en ese campo disciplinar. Ellos son solo la parte más visible, acaso la más expuesta a los arrebatos del poder en nuestras sociedades. Por eso, al denunciar sin ambage  la violencia que se ejerce sobre ellos, no hacemos más que proteger y cuidar, por extensión, al conjunto de la sociedad en la que estos artistas despliegan, con tanto esfuerzo, la luminosa e irreverente fuerza de su imaginación creativa.

Rubén Chababo
Rubén Chababo
Profesor en Letras por la Universidad Nacional de Rosario donde dicta anualmente el Seminario sobre Memoria y Derechos Humanos. Es docente y miembro del Consejo académico de la Maestría de Estudios Culturales dependiente de la Universidad Nacional de Rosario y fue integrante del Consejo Asesor Internacional del Centro Nacional de Memoria Histórica de Bogotá (Colombia). Ha dictado cursos y conferencias en diferentes universidades nacionales y extranjeras en torno a los dilemas de la memoria en la escena contemporánea. Entre 2002 y 2014 fue Director del Museo de la Memoria de la ciudad de Rosario, una de las primeras instituciones museológicas dedicadas a abordar el tema del Terrorismo de Estado en la Argentina. Se desempeñó también como Director de Derechos Humanos de la Municipalidad de Rosario. Es Director del Museo Internacional para la Democracia.
 
 
 
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