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29 de mayo de 2021

El artista Otero Alcántara frente a las lógicas del poder cubano

Luis Manuel Otero Alcántara no es un espécimen exótico. Es una persona de una extraordinaria fortaleza, de una inagotable creatividad y de un notable carisma que lo convierten en un líder innato. El joven disidente, el artista disidente, el afrodescendiente disidente, ya no son una excepción. Comienzan a ser la regla. Tal vez logren disciplinar el cuerpo de Luis Manuel, pero será un cuerpo entre miles que empiezan a salir en Cuba.
Por Cecilia Noce

El artista Otero Alcántara frente a las lógicas del poder cubano

Desde el 2 de mayo, el artista visual cubano, Luis Manuel Otero Alcántara, se encuentra recluido en el Hospital Universitario General Calixto García, en el área de psiquiatría, presumiblemente contra su voluntad. En este período, el gobierno ha hecho públicos tres videos del artista en su reclusión. Además de la vulneración de sus derechos básicos como ser humano y como paciente, las imágenes provenientes del hospital militarizado y los videos publicados son una puesta en escena del poder que el gobierno cubano tiene sobre los ciudadanos.

Dos registros resuenan en esas imágenes.

El primero es evidente y se relaciona con el poder que otorga un saber específico como la medicina, y en particular, la psiquiatría. Es muy fácil remitir al disciplinamiento de los cuerpos que Michel Foucault analizó en el curso El poder psiquiátrico. El hospital asilo del siglo XIX se sostenía “en un  poder ilimitado al que nada puede ni debe resistirse”, un poder ordenador que todo lo ve. El hospital asilo que nos muestra el gobierno cubano tiene un poder completo sobre el cuerpo del otro, al punto tal que es capaz de imponer, bajo vigilancia, la ingesta de alimentos incluso contra la voluntad del sujeto. Sin embargo, el disciplinamiento, aislamiento y orden sobre los cuerpos no responde a la búsqueda de una objetividad que permita conocer y, por consiguiente, sanar, como en el siglo XIX. Los “médicos” encargados de Luis Manuel no buscan ni un saber específico sobre ese individuo, ni uno general sobre la psiquis humana. Por el contrario, utilizan ese saber médico previo para avasallar derechos y domesticar voluntades. Por muy blancas que sean sus batas, no son médicos, son torturadores.

El otro registro es tal vez menos conocido, pero más inquietante. Los videos del devenir cotidiano de Luis Manuel remiten a los museos y ferias comunes en las metrópolis imperiales del siglo XIX, en los que se exponían “especímenes humanos exóticos”, junto a otros trofeos provenientes de las colonias: junto a la celda del gorila, podía verse un individuo, a veces en solitario, a veces en familia que había sido “trasplantado” de su lugar de origen para deleite de las masas y observación de la ciencia. Era la lógica del poder imperialista que también se pensaba ilimitado y podía imprimir sobre los cuerpos su propio orden. El espectáculo del otro – diferente - respondía a una voluntad de disciplinarlo, amoldarlo a parámetros culturales que no le eran propios; en otras palabras, “civilizarlo”.

Y si el “espécimen” en cuestión moría, no importaba porque el poder imperialista podía extender sus brazos y conseguir otros cuerpos. Lo importante era destacar la superioridad de la civilización dominante sea francesa, inglesa, estadounidense.

El cuerpo de Luis Manuel también es mostrado con la lógica del espécimen exótico, el “disidente”, ese otro que hay que amoldar a los parámetros, en este caso, dictados por la revolución cubana. Es por su propio bien.

Estas lógicas son inherentes a la forma con la que el gobierno cubano se relaciona con todos los habitantes de la isla. Por un lado, un poder ilimitado, capaz de ver inclusive en los espacios más íntimos, como puede ser la cama de un hospital y que ordena los sujetos según sus propias categorías (revolucionario, contrarrevolucionario). Por otro lado, la lógica del poder imperialista que explota los sujetos, les niega la capacidad de autogobierno, los amolda a su propia  imagen y si muestran alguna resistencia,  disciplina sus cuerpos con toda la violencia de la que dispone, hasta someterlos.

Nada nuevo bajo el sol. El comunismo siempre ha sido una ideología imperialista, totalitaria, con voluntad de poder ilimitada. Necesita convencer y conquistar hasta en lo más íntimo para imponerse. La diferencia con las otras experiencias imperialistas ha residido en su nivel de eficacia.

Desde el hospital-asilo y el museo-feria del siglo XIX hasta el 2 de mayo del 2021 han sucedido muchos cambios. Casi dos siglos de conocimiento y avances, pugnas políticas y guerras mundiales, procesos de colonización y descolonización, genocidios y sobre todo, o ante todo, la declaración universal de derechos humanos que, a través de las imágenes de Luis Manuel, el Partido Comunista Cubano muestra despreciar.

Una última observación. Luis Manuel Otero Alcántara no es un espécimen exótico. Es una persona de una extraordinaria fortaleza, de una inagotable creatividad y de un notable carisma que lo convierten en un líder innato. Pero no es un espécimen exótico. El joven disidente, el artista disidente, el afrodescendiente disidente, ya no son una excepción. Comienzan a ser la regla. Tal vez logren disciplinar el cuerpo de Luis Manuel, pero será un cuerpo entre miles que empiezan a salir, mostrarse y alzar su voz en Cuba.

Cecilia Noce
Cecilia Noce
Doctoranda en Ciencias Sociales Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, beca UBACyT (Universidad de Buenos Aires); Maestría en Sociología de la cultura y análisis cultural, Instituto de Altos Estudios Sociales, Universidad Nacional de San Martín, Argentina- Año 2014; Postgrado Internacional “Gestión y Política en la comunicación y cultura”, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Año 2005; Licenciada en Letras, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires; e Investigadora del Grupo de Estudios de Asia y América Latina, Instituto de Estudios sobre América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.
 
 
 
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