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13-08-2003

ALFABETO REVOLUCIONARIO

Caracas - Nadie sabe en cuál de las madrugadas en las que Fidel Castro y Hugo Chávez conversan largamente, surgió la idea de emprender una campaña de alfabetización en Venezuela. Quizás el viejo Comandante evocó la cruzada alfabetizadora cubana, en 1961, y el discípulo quiso hacer lo mismo en su país.
Por Yamila Rodríguez Eduarte
Caracas - Nadie sabe en cuál de las madrugadas en las que Fidel Castro y Hugo Chávez conversan largamente, surgió la idea de emprender una campaña de alfabetización en Venezuela. Quizás el viejo Comandante evocó la cruzada alfabetizadora cubana, en 1961, y el discípulo quiso hacer lo mismo en su país. El detalle está en que para alegrar a su mentor, el plan será dirigido por cubanos equipados con la cartilla revolucionaria.
Envuelta en una fuerte polémica, la campaña de alfabetización en Venezuela arranca este primero de julio. El punto de discusión es si se trata de educar o adoctrinar a los analfabetos, dada la participación de asesores cubanos. Un tema muy sensible para los venezolanos, quienes desde hace dos años vienen protestando por la "cubanización" de la enseñanza por parte del gobierno chavista. Aquí todavía muchos recuerdan las impresionantes manifestaciones que tuvieron lugar en 20 ciudades venezolanas, a comienzos de 2001, cuando miles de padres salieron a las calles en protesta por el adoctrinamiento de sus hijos.
En los últimos tiempos se han producido numerosas denuncias relacionadas con el aleccionamiento revolucionario de los alumnos. En las escuelas bolivarianas, creadas por el Gobierno, los dictados que toman los niños no son los tradicionales. En los cuadernos de notas deben escribir la revolución es bonita, hasta el cansancio. Se han dado casos en que los estudiantes han sido obligados a portar retratos del Che Guevara en actos públicos. Los padres temen que en cualquier momento los pequeños sean forzados a decir "Pioneros por el comunismo, seremos como el Che".
Las críticas no han cesado desde que el Gobierno anunció el plan alfabetizador. Los voceros del oficialismo han justificado la colaboración cubana, pero en este país casi nadie cree en las palabras de los incondicionales de Chávez. El ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, asegura que "aquí nadie quiere conducir a Venezuela por el camino del comunismo, nosotros sólo queremos aprovechar las experiencias positivas de otras partes del mundo, en este caso de Cuba, para mejorar la educación en el país".
La oposición basa sus señalamientos en varios puntos. Es absurdo importar técnicos cubanos cuando en Venezuela en estos momentos existen más de 30.000 maestros desempleados, que perfectamente pudieran asumir la campaña alfabetizadora. Si a Chávez en verdad le interesara la educación de su pueblo, no habría tantos maestros en la calle, ni tantas aulas vacías. La red de colegios católicos Fe y Alegría, dedicada a la enseñanza de los niños en barriadas pobres, sobrevive con el favor de Dios, porque el Gobierno no contribuye en nada a su mantenimiento.
Muchos de los críticos del plan alfabetizador señalan que la instrucción vendrá acompañada del adoctrinamiento. Esta posibilidad es la que más preocupa a la sociedad civil. La suspicacia no es gratuita, ya que los programas no sólo comprenden lectura y escritura, sino también enseñanza de la Constitución y del pensamiento político bolivariano; esta última materia no se imparte en el sistema tradicional de enseñanza. Hasta ahora no se han divulgado los materiales que se utilizarán en la campaña, aunque algunos opinan que vendrán desde La Habana, junto con los alfabetizadores.
Los medios de comunicación privados han cuestionado la intervención del régimen de Castro en la campaña. Los libros de lectura de los pioneros cubanos han sido sometidos a análisis en diversos programas, donde se ha criticado su excesiva politización. Han llamado la atención sobre pequeños, pero reveladores detalles. Los niños cubanos para ejercitarse en la lectura y la escritura de la letra F, escriben Fidel y fusil. Mientras, los venezolanos ponen en sus libretas fe y feliz.
Desde hace algunas semanas, un popular programa de la televisora privada Globovisión emite una cuña humorística diaria sobre las enseñanzas de un imaginario alfabetizador cubano, quien, con el conocido acento, intenta que los niños venezolanos repitan consignas revolucionarias. Muchos sintonizan el programa únicamente para ver estos minutos de humor, que los hacen reflexionar en el triste destino de su país si Chávez sigue escuchando a La Habana.
De otro lado, algunos analistas consideran que el plan de adoctrinamiento no debería tomarse demasiado en serio, porque el ropaje ideológico de Chávez es muy ligero. Esta campaña, más que un intento de lavarle el cerebro a los iletrados, sería un gusto que le estaría dando a Castro, al que ya nadie escucha en el mundo.
La campaña en sí misma parece irrealizable. Chávez prometió alfabetizar a más de un millón de personas en apenas tres meses. Es el tercer intento de acabar con los iletrados en los cuatro años de gobierno chavista. El primer proyecto fue lanzado en junio de 2000 con el nombre de Campaña Bolivariana de Alfabetización. A pesar de que el derroche de dinero fue grande, los resultados fueron más que mediocres. Con un presupuesto de más de seis millones dólares se suponía que en seis meses 235.000 personas aprendieran a leer y escribir. El plan fracasó y el Gobierno invirtió casi tres millones de dólares adicionales para alfabetizar tan sólo a 60.000 personas, o sea, el 25 por ciento de lo estimado.
Luego vino el Plan de Alfabetización Nacional, cuyo objetivo era más ambicioso: para 2005 no existirían iletrados en Venezuela. De acuerdo con el programa 400.000 personas serían alfabetizadas en 2003, unas 500.000 en 2004 y más de 600.000 al cierre de 2005. Como es habitual en la revolución bolivariana, el plan nunca se concretó.
Quizás los cubanos tengan mejor suerte con su plan de alfabetización. Si fracasan no importa, de todas maneras Chávez seguirá mandando petróleo a la Isla. Con algo tiene que pagar las largas horas que dedica Fidel Castro a instruirlo sobre cómo aferrarse al poder, sin que el corazón flaquee o la mano tiemble. Favor con favor se paga. Y el viejo Comandante siempre los ha cobrado todos.

Este artículo fue originalmente publicado por www.cubaencuentro.com
Yamila Rodríguez Eduarte
 
 
 

 
 
 
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