Derechos Humanos y
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Promoción de la Apertura Política en Cuba

28 de febrero de 2010

Cuba: ya es hora de enterrar el mito para Lula y el resto de la izquierda regional

En particular para la generación de Lula, formada en la mitología de Sierra Maestra y de los “barbudos” desfilando por las calles de La Habana, es difícil admitir el fracaso terminal de la experiencia cubana y su carácter profundamente represivo, que tragedias como la de Zapata hacen imposible soslayar.
Por Pablo Díaz de Brito
@pablodb1

El avión de Lula llegaba a La Habana el pasado miércoles 24 de febrero, poco después de que muriese el preso político Orlando Zapata Tamayo, luego de cumplir 85 días de huelga de hambre en protesta por las condiciones aberrantes de su detención.

La presencia de Lula en Cuba se explica, en parte, por el protagonismo internacional que quiere imprimirle a su última etapa en la presidencia. Pero como razón de fondo aparece la ambigua relación que la izquierda democrática regional, y más en general, todas las democracias del subcontinente, mantienen con el régimen cubano, que, claramente, no es una democracia.

No casualmente el único en la región en condenar la muerte de Zapata fue el presidente electo de Chile, Sebastián Piñera. En particular para la generación de Lula, formada en la mitología de Sierra Maestra y de los “barbudos” desfilando por las calles de La Habana, es difícil admitir el fracaso terminal de la experiencia cubana y su carácter profundamente represivo, que tragedias como la de Zapata hacen imposible soslayar.

Es un paso traumático, aunque sepan que la vía cubana al socialismo es una pieza de museo, y, más, aunque Lula mismo sea la prueba viviente de ese anacronismo y de cuál es la opción real para la izquierda, para la democrática al menos. Porque Cuba es, hoy como siempre, la represión obsesiva, el control estatal y social asfixiante, el delito de opinión como rutina, la uniformización y disciplinamiento de una sociedad que, pese a medio siglo de todo esto, se niega a someterse. Esta es la realidad de Cuba, la que nos cuentan Yoani y los demás blogueros, y no la del autista relato oficial del Granma.

Por hechos como la muerte de Zapata, y por duro que sea para estos líderes latinoamericanos, varios de ellos ya llegados a la tercera edad —Lula, Mujica, Vázquez—, si son demócratas coherentes, es hora de que cumplan esa tardía catarsis y acepten que aquello que se construyó en la lejana isla de la fantasía es, en realidad, un cruel infierno. Por el bien de los tantos Zapata que se pudren en las cárceles cubanas. Porque el silencio latinoamericano, o, en el caso de Brasil, el apoyo directo al régimen, tienen un costo personal muy alto para quienes en Cuba se empecinan en construir una salida democrática.