Derechos Humanos y
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Promoción de la Apertura Política en Cuba

12 de mayo de 2010

Una noche cubana en la Feria del Libro de Buenos Aires

¿Por qué el régimen castrista habla de una guerra mediática contra Cuba si son ellos los únicos que disparan? Nosotros no queremos disparar; los opositores y disidentes cubanos queremos hablar y que se nos escuche.
Por Ibis García Alonso

A cualquiera podría antojársele una escena surrealista; pero a mí, no. El ir y venir de hombres vestidos de gris, con caras severas, irónicas, autoritarias y amenazantes por el vestíbulo contiguo a la Sala Jorge Luis Borges la noche del 23 de abril, día de la presentación del libro de la Dra. Hilda Molina, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, me llevó inevitablemente a Cuba.

Sí, había vuelto a Cuba, un sueño agridulce, un conflicto salomónico que tortura, lentamente, noche tras noche, a mi alma y mis dientes. Eran ellos: los gendarmes de la Palabra, los Jueces del Juicio Final y Sumarísimo donde se sella la Condena a Muerte —física o social— de los que osamos modificar así sea uno sólo de sus enunciados. Eran los Agentes al Servicio de la Inteligencia Cubana encargados de perseguir a los disidentes y opositores cubanos hasta en el más recóndito pedacito de tierra; encargados de hacer eco de su canto de sirena por países a los que tanto les ha costado alcanzar la democracia; encargados de reeditar la historia de Cuba para enmascarar la dura verdad que encierran las costas de aquella isla. Estaban allí, rondándome, como buitres, y a la vista de todos lideraron un episodio bochornoso para un país con Estado de Derecho como lo es Argentina.

Ahora bien, ¿cómo se explica que estos agentes castristas pisoteen y mancillen la Constitución de la República Argentina sin que nadie haga nada al respecto? ¿Cómo se explica que estos agentes entren al Congreso argentino, como sucedió anteriormente, y a viva estampa sean los que lideren un boicot? ¿No es esto una injerencia del régimen castrista en la política pluralista argentina? ¿Es —no digamos ético— humano que los cubanos refugiados y/o peticionantes de refugio tengamos que continuar viviendo con la certeza del peligro al otro lado de nuestra puerta, estando ya en un país libre que nos ha brindado protección? ¿Por qué los refugiados cubanos somos desmoralizados por distintos medios de comunicación con distintos epítetos —gusanos, agentes de la CIA, antisociales, etcéteras— por el simple hecho de pensar diferente? ¿Por qué ni siquiera nos asiste el beneficio de la duda aún estando fuera de Cuba? ¿Por qué el régimen castrista habla de una guerra mediática contra Cuba si son ellos los únicos que disparan? Nosotros no queremos disparar; los opositores y disidentes cubanos queremos hablar y que se nos escuche.

Persecución, ensañamiento y alevosía, eso es lo que hacen los agentes castristas; su accionar no tiene otros nombres. Y yo lo sé. Hace muchos años que lo sé: estos hombres no me van a dejar en paz hasta hacer caer la guillotina en el mismo centro de mi cervical. Soy opositora del régimen castrista, tengo 39 años y hace casi cuatro huí del Imperio de la Censura y el Silencio impuesto en mi país con igual magnitud al que se impuso en los países de Europa del Este por los años de la Guerra Fría. Y ellos no me lo van a perdonar. No me van a perdonar que me les haya escapado y mucho menos me van a perdonar que levante mi voz en el exilio para denunciar las atrocidades que ahora mismo se están cometiendo dentro de las mazmorras y hasta en las calles castristas (porque según ellos las calles son de Fidel) contra mujeres y hombres amantes de la libertad y la democracia: Los prisioneros políticos y las Damas de Blanco.

Y por eso, porque conozco el modus operandi de los castrodefensores, fue que me apertreché con la verdad y me fui a la Feria del Libro con la imagen de los prisioneros de consciencia. Nadie me pagó por ello —aclaro—, desde que Orlando Zapata Tamayo murió por la desidia, la indiferencia y la intolerancia del régimen castrista, mi corazón está con el resto de los prisioneros. Y salí a defenderlos, ¿o acaso no estoy en un Estado de Derecho donde puedo expresarme sin que se me amordace y encierre? Pues sí, estoy en un Estado de Derecho y sin embargo tuve que pedir protección a la Policía Federal para que me alejara del predio ya que allí, en el vestíbulo, mucho después del boicot, me esperaban amenazantes los agentes al servicio del régimen castrista que actúan impunemente en territorio argentino. Ellos sí son libres. Yo, no.

Ibis García Alonso es fonoaudióloga cubana, peticionante de Refugio en la Argentina.