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9 de julio de 2004

Michelle Bachelet: ¿la apuesta de la concertación para el 2005?

De 50 años de edad, Michelle Bachelet cuenta con la oportunidad de convertirse en una bocanada de aire fresco para la Concertación. Una eficiente gestión en la cartera de Defensa, pero sobre todo el aniversario de los 30 años del golpe del 11 de septiembre de 1973, hicieron posible que Bachelet se convirtiera en la principal carta para frenar el ascenso del dirigente opositor de la UDI Joaquín Lavín, quien en 1999 estuvo cerca de poner fin a una década de gobiernos de la “Concertación por la Democracia”.
Por Ignacio Labaqui

Chile es, tal vez, una de las sociedades más conservadoras de América Latina: la enorme influencia de la Iglesia Católica, o la tardía sanción de la ley de divorcio en medio de una fuerte polémica, son pruebas fieles del conservadurismo de la sociedad chilena.  Frente a esta realidad, resulta un tanto paradójico que una de las principales figuras de la renovación política en Chile, con amplias posibilidades de convertirse en la candidata presidencial de la coalición gobernante para las elecciones de 2005, sea justamente una mujer, la ministro de Defensa, Michelle Bachelet.

Hasta el año pasado, era curiosamente otra mujer, Soledad Alvear, ministro de Relaciones Exteriores y miembro de la Democracia Cristiana, quien se perfilaba como una de las posibles figuras presidenciables para el 2005. Sin embargo, durante 2003, la carrera política de Bachelet, médica cirujana y de larga militancia en el socialismo, experimentó un brusco ascenso. La actual Ministro de Defensa, quien anteriormente se había desempeñado como ministro de Salud en el gobierno de Ricardo Lagos, es hija de un general de la Fuerza Aérea torturado y muerto en prisión durante la dictadura pinochetista. Una eficiente gestión en la cartera de Defensa, pero sobre todo el aniversario de los 30 años del golpe del 11 de septiembre de 1973, hicieron posible que Bachelet se convirtiera en la principal carta para frenar el ascenso del dirigente opositor de la UDI Joaquín Lavín, quien en 1999 estuvo cerca de poner fin a una década de gobiernos de la “Concertación por la Democracia”.

¿Qué representa Bachelet dentro del actual proceso político chileno? Como es sabido, los procesos de democratización suelen producir un clima de euforia en la población y un auge en la participación cívica. Tras este período de luna de miel no es infrecuente que el espíritu participativo y de civismo sea reemplazado por una mayor apatía, por otro lado lógica en un país como Chile, donde la política se desarrolla en condiciones que podríamos denominar normales y sin grandes vaivenes. La apatía suele traducirse en una caída tanto en los niveles de participación electoral como en la identificación con alguna fuerza política en particular. Los partidos dejan de tener electorados cautivos y en forma creciente deben competir por un votante más abierto a las distintas ofertas que encuentra en el mercado electoral. A este fenómeno, que es común a muchas de las democracias consolidadas del primer mundo, deben sumarse en el caso chileno dos factores adicionales: el desgaste de casi quince años de gobierno de la “Concertación por la Democracia” y la necesidad de renovación de la clase política.

La Concertación fue la sucesora del “Comando del No”, integrado por la Democracia Cristiana, el Socialismo y el Partido por la Democracia (entre otros partidos) para enfrentar a Pinochet en el plebiscito de 1988. El objetivo fundacional de la Concertación estuvo claramente ligado a la oposición a la dictadura del general Augusto Pinochet, pero hoy, con la desaparición del militar de la escena política, la Concertación necesita producir una redefinición. Es el éxito mismo de la Concertación, que supo liderar una transición exitosa, no exenta de dificultades, el que impulsa la necesidad de renovarse. Junto con el natural desgaste de la Concertación, cabe agregar que desde el retorno de la democracia en 1990 el proceso político chileno estuvo fundamentalmente dominado por figuras que generacionalmente están ligadas al 11 de septiembre de 1973: el actual presidente Ricardo Lagos fue funcionario de Salvador Allende; Patricio Aylwin era el principal líder de la oposición al gobierno de la Unidad Popular; Eduardo Frei-Ruiz Tagle podría ser una excepción, en la medida en que se trataba de una suerte de “outsider”, aunque tanto por una cuestión generacional como por razones familiares, su figura no marcó una renovación.

El éxito de la Concertación en sus dos primeros gobiernos y la desaparición política de la figura de Pinochet, marcaron el comienzo de la política “post-Pinochet” en Chile. Paradójicamente, fue Joaquín Lavín, el actual alcalde de Santiago, el primero en advertir y capitalizar este hecho, algo que quedó de manifiesto por la excelente performance en las elecciones de 1999. Con una Concertación desgastada y signada por conflictos internos, y en una etapa de redefinición, las posibilidades de Lavín de llegar a la Moneda en 2006 son serias.

Frente a esta posibilidad, surge la figura de Michelle Bachelet. De 50 años de edad, la ministro cuenta con la oportunidad de convertirse en una bocanada de aire fresco para la Concertación. Las encuestas muestran que Bachelet es la mejor carta de la Concertación para enfrentar a Lavín. De acuerdo a un reciente sondeo realizado por El Mercurio-Opina, “si las elecciones presidenciales fueran hoy, Joaquín Lavín superaría a Michelle Bachelet, pero por un margen tan estrecho que, en la práctica, podríamos decir que están empatados y los electores indecisos son quienes finalmente darán el triunfo a uno u otro contenedor”(1). ¿Qué ventajas posee Bachelet? Eugenio Tironi, refiriéndose a Bachelet y a Soledad Alvear señala que “lo que a ellas se les reconoce no es su poder, inteligencia o dominio discursivo, sino el hecho que hacen bien las tareas, que cumplen lo que prometen, que son rigurosas y responsables […] representan la vigencia de valores que se han visto desgastados en el ámbito de la política: inspiran confianza cuando la clase política ha sido afectada por escándalos; sus historias de vida suscitan cercanía cuando la clase política aparece lejana y autorreferente; transmiten persistencia y voluntad de servicio, en tiempos en los que los políticos son vistos como exitistas y movidos por intereses personales; se las ve intachables, transparente, en una época marcada por la opacidad y la sospecha en relación a la vida íntima de los núcleos dirigentes”(2).

La apuesta de Lagos, quien apadrina la candidatura de Bachelet, es que su figura pueda vencer la apatía política de los votantes chilenos. Con el fin de apuntalar su candidatura, la Moneda ha mostrado en interés en facilitar la inscripción de los ciudadanos en el padrón [ver: “Panorama Latinoamericano: Chile”, en esta edición], consciente que ello incrementa las chances de derrotar a Lavín(3). Bachelet, cuenta con más posibilidades de atraer a los votantes jóvenes y vencer la apatía política, en comparación con dirigentes como el democristiano Adolfo Zaldívar, quien también aspira a convertirse en el candidato de la Concertación en el 2005.

¿Qué obstáculos enfrenta Bachelet? Los principales riesgos asociados a una eventual candidatura presidencial de la ministro de Defensa son la reacción de la Democracia Cristiana, el partido mayoritario de la Concertación, frente a una nueva presidencia socialista y la posibilidad que no puede descartarse que los votantes ligados al ala derecha de la DC terminen apoyando a Lavín en las elecciones del año próximo. Ello podría inclinar la balanza hacia Soledad Alvear, quien también encarna la renovación en la política chilena, con un perfil bastante similar al de Bachelet, y con un porcentaje de evaluación positiva en las encuestas muy cercano al que ostenta Bachelet(4). En este sentido, Alvear, si bien al día de hoy muestra una menor intención de voto, podría ser más efectiva para retener el voto demócrata cristiano y traccionar a los votantes del PS y el PPD, para quienes cualquier alternativa es mejor al triunfo de Lavín. Por otro lado, en un contexto signado por un alto porcentaje de indecisos, Alvear podría tener mayor eficacia al momento de atraer al voto moderado. Paradójicamente, tanto Alvear como Bachelet enfrentan el mismo obstáculo: la resistencia de las viejas figuras de la DC, como Eduardo Frei y especialmente Adolfo Zaldívar, que parecen poco dispuestos a dejar su lugar a las nuevas generaciones.

 

(1) “Bachelet y Lavín en guerra”, El Mercurio, 27 de junio de 2004.
(2) Tironi, Eugenio “Son el cambio”, Qué Pasa, 4 de junio de 2004.
(3) “La fórmula de La Moneda para detener a Lavín”, Qué Pasa, 4 de junio de 2004.
(4) Centro de Estudios Públicos, Encuesta Nacional de Opinión Pública, Diciembre de 2003.

Ignacio Labaqui
Ignacio Labaqui
Profesor de Política Latinoamericana y Teoría de las Relaciones Internacionales en la Universidad Católica Argentina (UCA), y de Gobernanza Regional Comparada en el Máster de Estudios Internacionales en la Universidad del CEMA. Al mismo tiempo, se desempeña como analista senior en Medley Global Advisors. Labaqui es Magister of Science in Sociology de la London School of Economics and Political Science; y licenciado en Ciencias Políticas, con especialización en Relaciones Internacionales de la UCA.
 
 
 
 
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