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29 de octubre de 2014

Brasil, Bolivia, Uruguay ¿y Argentina?

Más allá de las falencias que tenga la oposición, a los ojos de la sociedad el proceso del oficialismo transmite cansancio. La sociedad ya se expresó el año pasado sobre el tipo de cambio que quiere: un cambio moderado. Reconoce varios logros del kirchnerismo, pero cree en la necesidad de un refresh, agravado por la perspectiva económica. Cuando la mayoría quiere que algo suceda (o a que algo no ocurra) es muy difícil que el resultado final no lo refleje. Al menos, hay 30 años de historia para acreditarlo.
Por Carlos Fara
@carlosfara

(7 Miradas) En Brasil sigue Dilma. En Uruguay es altamente probable que vuelva Tabaré. Con los resultados en la mano, podríamos decir que hubo continuidad con advertencia en Brasil, y más continuidad lisa y llana en el caso de la Banda Oriental y Bolivia. ¿Podría haber también continuidad en Argentina?

  • Bolivia: no necesita mucho análisis. Dos períodos seguidos de Evo, con buenos resultados económicos y un férreo control político sobre una oposición fragmentada, hizo que hasta ganara en la siempre estigmatizada Santa Cruz de la Sierra (la San Pablo del país), bastión de los adversarios. El resultado es una continuidad lisa y llana
  • Uruguay: requiere análisis porque los pronósticos no contemplaban que la diferencia fuese casi tan amplia como en 2009, y que el Frente Amplio se quedase de vuelta con la mayoría en las cámaras. Si uno se atenía a las tendencias de largo plazo diría que el oficialismo estaba algo desgastado, sin agenda nueva, con un Tabaré cansino, y una fuerte demanda de más seguridad y mejor educación, que empezaba a requerir cierta renovación política. Sin embargo, la oferta del principal opositor no fue suficientemente atractiva para achicar la diferencia de cara al balotaje. Con 41 años se es joven en todo el mundo, pero mucho más en Uruguay que viene eligiendo a septuagenarios.
  • Brasil: futbolísticamente podríamos sintetizarlo como “tarjeta amarilla”. En los últimos 3 meses pasó de ganar Dilma con comodidad, a casi perder con Marina que salió tercera lejos, y luego estuvo por perder la segunda vuelta frente al fenómeno Aecio (que las encuestas tampoco pudieron predecir con precisión en la primera vuelta). Más allá de los resultados finales, el proceso es semejante al de Uruguay: buena década económica, mejoras indiscutibles, avances sociales, pero ausencia de agenda de cambios por parte de los oficialismos los vuelve menos competitivos. Las demandas de la sociedad se sofistican y los electores no quieren agradecer eternamente los logros.
  • ¿Y Argentina? Más allá de las falencias que tenga la oposición, a los ojos de la sociedad el proceso del oficialismo transmite cansancio. La sociedad ya se expresó el año pasado sobre el tipo de cambio que quiere: un cambio moderado. Reconoce varios logros del kirchnerismo, pero cree en la necesidad de un refresh, agravado por la perspectiva económica. Cuando la mayoría quiere que algo suceda (o a que algo no ocurra) es muy difícil que el resultado final no lo refleje. Al menos, hay 30 años de historia para acreditarlo.