Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

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4 de diciembre de 2015

El amor no pide permiso

Yuniel López O’Farril, el opositor que desafió el poder político en Cuba en las pasadas elecciones a candidatos del Poder Popular sigue demostrando que «El amor todo lo puede».
Por Ernesto Aquino

(La Habana) Los niños del reparto Santa Amalia, en el municipio Arroyo Naranjo, La Habana, cantaron, bailaron y disfrutaron de diversos juegos de participación en un encuentro fraternal, propiciado por el proyecto comunitario “Un momento de alegría”, donde la solidaridad se llevó la mejor parte.

Su coordinador general, el joven opositor y activista de derechos humanos, Yuniel Francisco López O’Farril, nos habló de algunos de los objetivos del proyecto.

El amor no pide permiso

Según explica López O’Farrill, “Un momento de alegría es un proyecto infantil comunitario que tiene entre sus objetivos crear espacios recreativos y culturales para niños de uno a doce años. Con estos encuentros buscamos, además, propiciar un mayor acercamiento e interacción de los padres con sus hijos, que la mayoría de las veces tienen una relación presente-ausente como consecuencia de la precaria situación económica de las familias cubanas, que obliga a los mayores de la familia a dedicar todo el tiempo del día a buscar el dinero y los alimentos para los hijos, lo que produce un distanciamiento afectivo muy dañino”.

Otro de los objetivos del proyecto, según apunta el joven activista de 27 años, es “incentivar a los más pequeños para que descubran su potencial vocacional y proveerles, dentro de las escasas posibilidades que tenemos, algunos recursos, y al final de cada mes lo que todos esperan: la fiesta. Ese momento de alegría con un poco de dulces, refrescos, música y juegos de sano entretenimiento para que todos disfruten, se diviertan y reciban algún pequeño regalo”.

Conversamos también con la organizadora del proyecto, la joven de 22 años Yadira de la Caridad Reina O’Farrill, quien destacó el esfuerzo de quienes hicieron posible que este noviembre los niños tuvieran su momento de alegría.

El amor no pide permiso

Reina O’Farrill distinguió la labor de la fundación CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina), quienes “de forma desinteresada colaboran con nosotros, enviándonos algunos recursos para cumplir con las actividades que nos proponemos”.

Yadira de la Caridad visitó la República Argentina del 21 al 26 del pasado mes de octubre, invitada por CADAL, para observar de cerca las elecciones presidenciales que se llevaron a cabo el día 25 de ese mes y que resultaron en una segunda vuelta de la que salió victorioso Mauricio Macri, un triunfo que celebraron muchos cubanos.

La joven activista considera que “mi visita a la República Argentina fue como una operación de cataratas. Yo soy muy joven y es la primera vez que salía de Cuba. Para mí fue un impacto muy fuerte estar presente en unas elecciones democráticas. Nunca viviré demasiado para agradecer a CADAL, y a su director Gabriel salvia, todo el cariño y el respeto con que me trataron y lo mucho que aprendí”.

Yuniel López O’Farrill, quien también visitó la Argentina invitado por CADAL, para asistir a las pre-elecciones, habla de su encuentro con Gabriel Salvia.

El joven opositor y activista de derechos humanos exaltó los valores humanos y la solidaridad que distinguen a la fundación argentina.

“A través de Gabriel Salvia, quiero enviar un saludo de cariño y respeto a todos los miembros de la fundación CADAL” -expresó López O’Farrill- “Estos hombres y mujeres que luchan, promueven y defienden sin descanso la democracia y la libertad en América Latina están construyendo también las bases para que un proyecto como ‘Un momento de alegría’ alcance a todos los seres humanos que creen en el poder de la justicia, la hermandad y el amor”.

Estos son tiempos de entrarse hasta el codo en lo fecundo, sin suspicacias inoportunas y mal intencionadas, ni recelos mezquinos y arremetidas que sirvan a la furia ajena. Puede que al proyecto “Un momento de alegría” le falten recursos y tenga que esperar por la solidaridad de muchos, pero le sobra corazón y deseos de trabajar por el bienestar de esos pequeños duendes que, como decía nuestro apóstol José Martí, son “los que saben querer”, son “la esperanza del mundo”.

Nadie nos va a quitar la flor que hará callar para siempre los cañones, ni apagará la estrella generosa que pondremos a brillar en el alma de Cuba. Mucho nos costará la Luz; pero valdrá la pena cuando se derrame.