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Monitoreo de la gobernabilidad democrática

08-04-2024

¿Senegal ante un giro de 180 grados?

La victoria del candidato opositor, Bassirou Diomeye Faye, confirmada luego de la primera vuelta del pasado 24 de marzo, coloca al país de África occidental en una nueva era
Por Omer Freixa
Foto: seneplus.com

Hace menos de un mes se encontraba bajo rejas. Se le liberó apenas unos días atrás y desde el 2 de abril ya es presidente de una nación de 18 millones de habitantes que atraviesa varias dificultades. Además, asume la misión de gobernar un país que ha tenido la fama de ser baluarte democrático en la región occidental del continente pero que, sin embargo, desde 2021, ha sufrido varias conmociones. En el día de la victoria confirmada, de modo no oficial el candidato del oficialismo, Amadou Ba, llamó a Faye para felicitarlo.

La suerte estaba echada, en horas previas se habían celebrado las elecciones tras semanas de incertidumbre, bajo un sistema democrático que estuvo en la cuerda floja durante los últimos meses y que elevó a titulares la situación de Senegal porque la calma distó de estar cerca. El joven candidato de 44 años se alzó con el 54,28% de los votos frente al 35,79% de Ba.

Un candidato joven y rupturista

Diomaye Faye, un exinspector fiscal y sindicalista, fue liberado el pasado 14 de marzo junto al sin dudas principal referente de la oposición senegalesa, Ousmane Sonko, mentor del primero y quien dio también pasos agigantados en torno a marcar distancias con la actual conducción senegalesa enarbolada tras dos mandatos del presidente saliente, Macky Sall. Este último, tras reticencias, anunció que dejaría el poder el 2 de abril. Una maniobra que varios señalaron como dictatorial había logrado posponer las elecciones del originario 25 de febrero hasta el 15 de diciembre próximo. Pero la presión popular y de la sociedad civil enderezó el rumbo cuando el Tribunal Superior se expidió obligando a llevarlas a cabo el 24 de marzo. Se acusó al ahora expresidente de entorpecer el desarrollo electivo para procurar un tercer mandato consecutivo, ilegal por imperio de la ley local, pero frecuente en otros países africanos y que tanto malestar ha generado.

Solo a comienzos de febrero, cuando el entonces mandatario Macky Sall anunció la postergación de las elecciones, una vez más se temió lo peor al precipitarse la protesta social y la represión subsiguiente que dejó al menos cuatro muertes y decenas de arrestos.

Tanto Faye como Sonko, figuras antisistema, mantienen posiciones políticas muy distintas a las de Sall y la élite a la que acusan de corrupción y mala administración. Ambas figuras opositoras apuntan a Francia como cómplice de la situación difícil que vive el país con una mayoría juvenil, de donde obtienen mayoría de simpatías, con altos índices de desempleo y pobreza. De 18 millones de habitantes en Senegal casi la mitad no supera los 18 años y, según el Banco Mundial, al menos la tercera parte de la población está empobrecida con una tasa del desempleo que ronda el 20%. Estos temas fueron muy importantes durante las campañas opacadas por la tensión y la represión estatal.

Faye, quien es el político más joven en ostentar la máxima magistratura de la República independiente de Francia desde 1960 y fuera anunciado de su triunfo justo en el día de su cumpleaños, planea la erección de una moneda común en reemplazo del franco CFA, símbolo de la pleitesía hacia París y un mecanismo de sujeción al neocolonialismo de la exmetrópoli que ha sufrido embates en la región. Se puede decir que Senegal es uno de los últimos eslabones fuertes en su área de dominio en África, aunque eso puede modificarse en los meses futuros si el plan de gobierno de Faye avanza. Cuenta con el respaldo político de Sonko y, si bien habría moderado algunos de sus planes, no obstante el cambio pudiera preverse.

Otro punto importante del programa gubernamental del nuevo presidente es lo que refiere a contratos, planea deshacerse de varios que cuentan con el beneplácito francés, por ejemplo, y así impulsar “desde adentro” el aprovechamiento de los sectores energéticos que cuentan con un futuro promisorio. Prometió, asimismo, disminuir el fuerte presidencialismo republicano que fuera objeto de críticas muchas veces. En general, en su discurso inaugural del 2 de abril prometió un “cambio sistémico” en Senegal. 

Vientos de cambio y la inserción senegalesa en el contexto actual

La clara tónica del discurso panafricanista de Diomaye, de unión de los pueblos africanos, haría perfilar un visible distanciamiento de la órbita francesa, cercanía que imprimió su rumbo a las sucesivas administraciones nacionales desde 1960. La buena relación con la exmetrópoli fue marcada durante los veinte años de gobierno de Léopold Sédar Senghor, al punto que ciertos sectores de la oposición cuestionaron su siempre tan buen e incuestionable vínculo con el Eliseo. Ese relacionamiento positivo no cambió demasiado con los sucesores de Senghor a pesar de los cambios de administración del cual el actual es el quinto.

Pero la llegada de Faye al poder, inscripta en un contexto de cambios y de nuevos gobiernos autoritarios en la región, quizá estimula aún más la hoja de ruta rupturista. La diferencia con la oleada de golpes de Estado que se vivieron desde 2020 y han modificado sobremanera el contexto político alejándolo de la democracia y de la cercanía a Francia, es que en Senegal este aparente rupturismo llega de la mano, por primera vez, de un proceso democrático transparente y limpio.

Las nuevas juntas militares que gobiernan países como Mali, Burkina Faso y Níger han dado pasos marcados para alejarse de la esfera de influencia francesa y enfatizando transiciones hacia supuestos rumbos democráticos. No obstante, todos los Estados regionales continúan utilizando la moneda CFA mencionada. También el gobierno provisorio de Níger se ha alejado de la injerencia estadounidense al exigir la salida de tropas de la superpotencia americana.

Pese a que Senegal dio una lección de civismo el pasado domingo 24 de marzo, las críticas llovieron sobre el presidente saliente Sall, pues los ciclos de agitación política que se vivieron desde 2021 acusan la renuencia del saliente a alejarse del poder, de Francia y, al contrario, a recurrir a dispositivos de represión. Se le acusa de haber generado en más de un trienio cifra por arriba de los 1.000 detenidos políticos con prácticas de amedrentamiento, censura y persecuciones a opositores como a Faye y Sonko quienes sufrieron largos períodos de encierro.

Las nuevas asonadas militares dadas en la región fueron el resultado de problemáticas que las administraciones locales por décadas postcoloniales no han podido resolver como las dificultades económicas, la postergación de amplios sectores poblacionales, la cuestión de la seguridad (el yihadismo arrecia en la zona), la desertificación, etc. Por último, este malestar también ha golpeado el status y la presencia francesa en la región. En años recientes se sucedieron muchas manifestaciones en Malí, Burkina Faso, etc. exigiendo el fin de la permanencia francesa en aquellos países. Por otra parte, ese hueco puede ser cubierto por la avanzada rusa y el Kremlin ya está aprovechándolo. También se debe hablar de China. Mucha tela para cortar.

Contexto convulso

Senegal desde principios de 2021 vivió un proceso de protesta y agitación social que es testigo de la efervescencia de su sociedad civil. La respuesta más frecuente del gobierno a estas múltiples presiones populares fue la mano dura. La que se ha aplicado con Ousmane Sonko, por ejemplo. En marzo de 2021 una peluquera denunció un episodio de abuso sexual contra el último en un local que frecuentaba. Eso le valió su arresto, además de ser acusado de alterar el orden público y participar en una manifestación no autorizada. Esta detención prendió fuego la mecha de un contexto acompañado por mucha tensión previa. En consecuencia, murieron 14 personas tras cinco días de protestas, 12 de estas bajo el accionar de las fuerzas de seguridad.

Esta oleada de violencia y caos se repetiría, por caso, en junio de 2023 tras darse a conocer la condena a dos años de prisión a Sonko bajo el cargo de “corrupción de menores”, situación crítica que fue acompañada por la interrupción de redes sociales y otras plataformas comunicativas como WhatsApp. Tras varios días de agitación, la violencia se saldó con alrededor de una veintena de muertes, unas 400 personas heridas y al menos 500 arrestos. Tras cierto respiro, en agosto la crisis se agravó al ser disuelto por decreto de la presidencia el opositor partido Pastef (en francés, Patriotas Africanos de Senegal por el Trabajo, la Ética y la Fraternidad), fundado por Sonko y Faye en 2014.

Una vez más, durante los días críticos de junio del año pasado, la ola de violencia apuntó a objetivos franceses y a la gestión de Sall como amigo de Francia. Acusando al entorno presidencial, simpatizantes de Sonko declararon que todas las acusaciones y juicios en su contra son políticamente dirigidos y que han tenido la intención de proscribirlo, objetivo que el gobierno logró. Pero Faye sí pudo participar como candidato y, de ser un detenido, en apenas días pasó a convertirse en el presidente más joven en la historia de los casi 65 años de democracia senegalesa. Como era de esperarse, lo primero que hizo este joven político senegalés investido fue designar a Sonko como Primer Ministro. Se espera que el triunfo democrático de Diomaye logre apaciguar el descontento y acabe definitivamente con un ciclo de protesta que lleva un trienio. No será nada fácil.

Omer Freixa
Omer Freixa
Consejero Consultivo
Magíster en Diversidad Cultural y especialista en estudios afroamericanos por la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Licenciado y profesor en Historia, graduado en la Universidad de Buenos Aires. Investigador, docente y escritor. Autor del sitio web www.omerfreixa.com.ar. Colaborador freelance en sitios locales y españoles.
 
 
 

 
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