Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Prensa

2 de noviembre de 2005

Demasiado vino

Fuente: Porfirio Cristaldo Ayala

Asunción (AIPE)- En Roma, durante el aniversario de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), los presidentes Hugo Chávez, Lula da Silva y Nicanor Duarte Frutos revelaron la actualidad del anticuado populismo latinoamericano condenando las injusticias del capitalismo, los subsidios y el proteccionismo agrícola de países ricos, causantes, supuestamente, de la miseria en el continente. La mejor explicación a estas grotescas declaraciones que pretenden culpar a otros de la pobreza de sus pueblos, de la que únicamente ellos son culpables, la dio Otto Reich: “Quizás toman demasiado vino” cuando se reúnen, comentó.

Chávez acusó al “imperio norteamericano” de ser una amenaza a la vida del planeta. Los fondos para luchar contra el hambre son exiguos, mientras las subvenciones de los países ricos a la agricultura son de 1.000 millones de dólares diarios, dijo. Lo que olvidó decir es que su “revolución bolivariana” socialista – sin intromisión de EEUU – logró aumentar la pobreza en Venezuela del 43% al 53%, a pesar de los copiosos ingresos del petróleo que se incrementaron ocho veces durante su mandato.

En la Venezuela de Chávez, la pobreza extrema saltó del 15% al 23% y casi una de cada cinco personas sufre desnutrición. La economía está en ruinas, las expropiaciones de tierras y fábricas ahuyentan las inversiones, miles de empresas han cerrado y se liquidaron numerosos empleos. Pero la pobreza no le quita el sueño a Chávez, por el contrario, cuánto más pobres haya más subsidios podrá distribuir a los desocupados, mayor será su clientela política y más votos tendrá. La pobreza es el alma del populismo.

Lula lanzó la iniciativa “América Latina sin hambre”, tomando como modelo su infructuoso y desacreditado programa “Hambre cero”. Es posible un continente sin hambre, aseguró. Tiene mucha razón. Lo que no parece posible es un Brasil sin corrupción. Y con la corrupción generalizada no es posible liberar a los pueblos del hambre y la miseria. Los escándalos del gobierno de Lula no han traído, precisamente, alivio a los más pobres.

Duarte Frutos fue más realista y reconoció que el hambre nace de la corrupción del poder público. Debería saberlo, Paraguay y Venezuela figuran entre los más corruptos del mundo. De 150 países, Paraguay está en el puesto 144 y Venezuela en el 130. Pero Duarte Frutos no pudo evitar culpar a otros de los propios problemas. Un capitalismo deshumanizado – explicó – concentra la riqueza y tecnología, privando a millones de seres humanos de alimentos. Mientras las barreras proteccionistas no se eliminen “primará la libertad del dinero sobre la libertad humana”, alertó.

Los países capitalistas, por cierto, concentran la riqueza y tecnología. Pero no privan a nadie de nada. Los millones de seres humanos que pasan hambre, sin excepción, son hijos del estatismo, no del capitalismo. Los gobiernos estatistas como el paraguayo y el venezolano son los que más castigan a sus pueblos con impuestos e intervencionismo. A los países sudamericanos les perjudican mucho más las trabas comerciales entre ellos que el subsidio agrícola en países ricos. ¿Qué esperan para liberar su propio comercio? El informe de la CADAL sobre la libertad económica y la transparencia en Latinoamérica, que mide el nivel de corrupción del sector público, los indicadores de la eficacia del estado de derecho, la ausencia de restricciones estatales a la producción y el consumo, y la eficiencia gubernamental en el suministro de servicios públicos, ubica al Paraguay en el puesto 21 y a Venezuela en el 22, de un total de 23 países. Hasta Cuba está mejor. A su vez, Brasil apenas alcanza la mitad del índice de libertad y transparencia de Chile.

(*): Corresponsal de AIPE y presidente del Foro Libertario.

Fuente: www.analítica.com (Venezuela)

Porfirio Cristaldo Ayala
Porfirio Cristaldo Ayala