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Promoción de la Apertura Política en Cuba

31 de diciembre de 2016

El embargo a Cuba y su inserción internacional

Queda claro que Cuba dista mucho de ser un país “bloqueado” en términos de intercambio comercial, ya que exporta e importa bienes y servicios hacia y desde un gran número de los Estados del sistema internacional.
Por Carolina Zaccato
Exportaciones - Importaciones - Comercio - Cuba

Durante la apertura del 71° período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, el pasado septiembre, varias de las delegaciones se expresaron en contra del embargo económico, comercial y financiero a Cuba impuesto por los Estados Unidos desde hace más de cinco décadas. Al respecto, a menudo se omite mencionar que la política del embargo comenzó en respuesta a la confiscación de empresas estadounidenses de parte del gobierno de los Castro, sin la debida indemnización. La decisión del embargo a la isla, entonces, se toma como una respuesta de un Estado, sancionada por su Congreso, hacia un país que viola el derecho de propiedad de sus ciudadanos.

A pesar de las circunstancias que dieron origen a esta medida, existe una fuerte crítica hacia el embargo a Cuba (en especial, desde aquellos que promueven el libre comercio), que sostiene que el embargo daña principalmente al pueblo cubano, al impedir el intercambio de bienes y servicios entre los habitantes de los Estados Unidos y de Cuba.

La discusión gira en torno a la posibilidad y deseabilidad de esgrimir políticas de condena hacia regímenes que violan libertades y derechos individuales, como una señal de reprobación no solo ante el país violatorio sino principalmente ante toda la comunidad internacional. En este escenario, se vislumbran dos grandes corrientes: un bando que sostiene que este tipo de regímenes deben ser sancionados con políticas concretas que afecten su estabilidad y bienestar (como puede ser un embargo), y otro bando que sostiene que este tipo de sanciones no son la mejor solución ya que dañan primordialmente a la población a la que se estaría intentando ayudar.

Sin lugar a dudas, la política del embargo ha afectado de manera pronunciada a la isla, haciéndola perder un socio comercial importantísimo, especialmente teniendo en cuenta la proximidad entre ambos Estados.

Peor aún, el embargo le ha dado al gobierno de los Castro un blanco seguro a quien culpar por las penurias económicas que sufre su país.

Balanza comercial de Cuba

De todas maneras, cabe aclarar aquí que, si bien Cuba se ve impedida de comerciar con Estados Unidos (a excepción de medicamentos y alimentos, que la isla tiene permitido importar desde los EE.UU [1].), el país caribeño está lejos de estar aislado del resto del mundo. En efecto, si recurrimos a las mismas estadísticas del gobierno cubano, podemos ver que el país comercia ampliamente con los bloques de Europa, Asia, África, Oceanía y América Latina, además de con México y Canadá. En el año 2014 [2], el total de la balanza comercial cubana (esto es, contando exportaciones e importaciones) estuvo compuesto de la siguiente manera: un 60% del total del comercio cubano fue con las Américas (incluyendo a Canadá y México), 23% con Europa, 14% con Asia, 2,75% con África y 0,5% con Oceanía.

Veamos qué ocurre con el caso específico de las exportaciones:

Exportaciones Cuba

Por el lado de las importaciones, el panorama es el siguiente:

Importaciones - Cuba

Con solo ver estas cifras, queda claro que Cuba dista mucho de ser un país “bloqueado” en términos de intercambio comercial, ya que exporta e importa bienes y servicios hacia y desde un gran número de los Estados del sistema internacional.

En efecto, Cuba comercia con todos los países miembros de la Unión Europa, con todos los Estados latinoamericanos, con Canadá y México del bloque NAFTA, y con el actual gigante económico y comercial -China-, y el grupo de los “tigres asiáticos” -Hong Kong, Taiwán, Malasia y Corea del Sur-.

Lo que sí existe, no obstante, es una “auto-restricción” del gobierno cubano en materia de libre comercio.

Según el Índice de Libertad Económica, Cuba registra un “nivel alto de proteccionismo” en importaciones de bienes y servicios, y “barreras altas” en cuanto a flujos de capital e inversiones extranjeras directas. En otras palabras, es el propio gobierno el que evita la creación de nuevos lazos comerciales y financieros con el resto del mundo. De todos modos, una mayor restricción a estas barreras arancelarias formales es el bajo nivel de ingreso medio de la población cubana, que no le permitiría acrecentar de manera significativa su consumo aún si se liberasen completamente las fronteras y las restricciones arancelarias. No obstante lo anterior, el verse impedida de comerciar [3] con una de las mayores potencias económicas del mundo (y que además es vecina de la isla) ciertamente hace perder a la economía cubana importantes nichos de crecimiento y desarrollo.

Antes de terminar, es importante traer a la reflexión la visión desde América Latina respecto de Cuba.

Latinoamérica ha trabajado para traer a Cuba a la mesa de diálogo hemisférico y es, de alguna manera, el portavoz de los intereses de la isla en la Organización de Estados Americanos (OEA). Asimismo, el ámbito de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es, en cierta forma, un espacio en que América Latina en su conjunto (incluyendo a Cuba) puede reunirse y discutir intereses y problemas en común, sin la injerencia de los Estados Unidos.

Si bien es un error asumir que América Latina actúa como un bloque conjunto respecto al tema Cuba (de hecho, hay países que buscan el acercamiento para revitalizar el gobierno castrista y preservar el status quo en la isla, mientras que otros buscan aumentar lazos para impulsar reformas políticas y económicas), a la hora de expresar abiertamente algún tipo de denuncia o condena respecto a la situación de los DD.HH. en Cuba, o pedir la apertura política, las democracias latinoamericanas suelen callar. Y el panorama se replica ante escenarios de tinte similar en otros países, como Venezuela o Nicaragua.

Es importante que un continente que tiene como banderas comunes el respeto a la democracia y los Derechos Humanos repiense su accionar a la hora en que la fidelidad a estas premisas implica sancionar a “uno de los suyos” (como lo es Cuba del continente americano). Un continente que históricamente ha esgrimido el principio de la No Intervención en asuntos internos como escudo ante los poderes europeos y, principalmente, ante el accionar estadounidense, tiene problemas cuando este principio choca con otros valores compartidos, como lo son la democracia y el respeto a los derechos y libertades individuales. Históricamente – y no sólo en Latinoamérica-, ante este tipo de disyuntivas, ha primado la no intervención.


[1] Es importante también señalar el rol de las remesas que los cubanos en Estados Unidos envían a sus compatriotas en la isla.

[2] Último año del que se tienen estadísticas oficiales al presente.

[3] Salvo las excepciones de alimentos y medicamentos anteriormente destacadas.