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Monitoreo de la gobernabilidad democrática

12 de agosto de 2020

Georgia: una democracia víctima de la ocupación rusa desde hace 12 años

El Ministro de Relaciones Exteriores georgiano, David Zalkaliani, tuvo a su cargo introducir al tema en un webinar con una exhaustiva intervención que ofreció un cuadro general de la situación en que su país se encuentra hoy en día: en los últimos 12 años Georgia ha mantenido el estado de guerra, ya que se verifican diariamente amenazas por parte de las fuerzas armadas rusas junto a la construcción de una alambrada de púas a lo largo de la frontera, que el ministro define elocuentemente como “un nuevo tipo de Muro de Berlín”.
Por Flavio Cancemi
Ministro de Relaciones Exteriores georgiano, David Zalkaliani

El pasado 7 de agosto, en ocasión del duodécimo aniversario de la ocupación rusa en Georgia, el ministerio de Relaciones Exteriores georgiano, en cooperación con el Middle East Institute’s Frontier Europe Initiative, organizaron un webinar acerca de la preocupante situación desencadenada por el conflicto entre Rusia y Georgia en 2008. Una guerra breve, pero intensa, causada por un territorio transfronterizo, Osetia del Sur, disputado entre la Federación Rusa y Georgia, que tiene un legado histórico muy pesado y que todavía afecta negativamente al pueblo oseto y georgiano, víctimas de las violencias perpetrada por las tropas rusas.

Peace and Security in Europe:  12 years of Georgia’s Struggle for De-Occupation

Distintas personalidades destacadas, representantes de varias instituciones, participaron del evento virtual arrojando luz sobre un conflicto que no parece del todo resuelto. El Ministro de Relaciones Exteriores georgiano, David Zalkaliani, tuvo a su cargo introducir al tema con una exhaustiva intervención que ofreció un cuadro general de la situación en que su país se encuentra hoy en día: en los últimos 12 años Georgia ha mantenido el estado de guerra, ya que se verifican diariamente amenazas por parte de las fuerzas armadas rusas junto a la construcción de una alambrada de púas a lo largo de la frontera, que el ministro define elocuentemente como “un nuevo tipo de Muro de Berlín”.

Quien reforzó el mensaje fue Irakli Beraia, Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Parlamento georgiano, al presentar vívidamente cuánto este conflicto está lejos de su resolución: en los últimos años, dos regiones georgianas han sido militarizadas con más de 10.000 tropas rusas, con operaciones militares de larga escala que acontecen en territorio georgiano ilegal y regularmente; más aún, el uso provocador de las armas más avanzadas; violación de los seis puntos establecidos por el acuerdo de cesación del fuego y de diferentes normas del derecho internacional; intensificación del proceso de anexión de las dos regiones georgianas militarizadas, como fue en Crimea. Asimismo, la implementación de una agresiva política de discriminación étnica y violaciones de derechos humanos están afectando gravemente a civiles inocentes que ven rechazados el derecho de desplazarse, de utilizar el idioma materno y ser víctimas de un proceso de “fronterización”, que divide comunidades y familias, sin ningún tipo de legitimidad. Un cuadro aberrante y que no puede pasar impune, dice el presidente del comité.

La agresividad en la política exterior rusa no es una novedad, sobre todo en esta región que ya vivió la operación militar que llevó a la ilegal anexión de Crimea en 2014. Sin embargo, las razones de esta agresividad no se refieren a los caprichos de su líder para lograr la expansión de su territorio; la razón de esta pulsión desestabilizante es más profunda. Georgia no es solamente un socio fundamental para la Unión Europea y la OTAN, sino también un país que inició el proceso de adhesión para ser miembro de estas dos organizaciones. Las repercusiones de tal iniciativa pondrían en serio riesgo los intereses comerciales, militares, económicos y geopolíticos rusos en la región. Sin embargo, las dos organizaciones no consienten el acceso a países que presentan disputas territoriales abiertas. De esta manera, la estrategia de la Federación rusa tiene efectos concretos, impidiendo la expansión de la influencia euroatlántica en el Cáucaso meridional, pudiendo contar con un desequilibrio estratégico del cual saca ventajas.

No obstante este contexto inestable, Georgia ha cumplido importantes avances democráticos. La dirección promovida por Georgia hacia la paz, prosperidad y consolidación de la democracia es destacable. Se han alcanzado nivele europeos de gobernanza democrática, implementando reformas constitucionales en líneas con los países miembros de la Unión Europea, sobre todo en cuanto a elecciones. A tal propósito, las elecciones parlamentarias que tendrán lugar el 31 de octubre constituirán un banco de prueba. Como planteó la eurodiputada Marina Kaljurand, presidente de la delegación parlamentaria para las relaciones con el Cáucaso meridional (que ha brillantemente coadyuvado los esfuerzos para lograr una declaración conjunta con el comité de relaciones exterior acerca del no-reconocimiento de la ocupación rusa), la integridad del proceso electoral, que se tendrá en octubre, marcará una importante contra-reacción pacifica en detrimento a la agresividad rusa. La realización de elecciones justas y libres determinarán el futuro del país no solamente desde un punto de vista económico y político, sino también por la resolución del conflicto ya que será lo peor que Rusia pueda desear en su región: la consolidación de una democracia efectiva.

En la parte final del evento, muchas fueron las interesantes preguntas dirigidas a los invitados. Entre estas, una en particular, formulada por la moderadora Heather A. Conley, personalidad destacada del Center for Strategic & International Studies, se refería al modo en que se podría mantener alto el interés en las agendas geopolíticas nacionales, internacionales e interregionales de la aberrante situación en la cual se encuentra Georgia. La respuesta del ministro planteaba la necesidad que la comunidad internacional presione a Rusia. Para él, la mejor herramienta diplomática a disposición es el diálogo. De hecho, es sobresaliente la dedición y la constancia con la cual Georgia busca dialogar con la Federación rusa por medio de la Geneva International Discussions, un fórum fundamental para el logro de un cese del fuego, instituido justo después la guerra del 2008, que ha contribuido a que las dos partes se coordinen y cesen, por lo menos en parte, las hostilidades. Los Geneva Talks están basados en tres pilares: primero, la implementación de los seis puntos establecidos en el acuerdo del cese de fuego; segundo, la introducción de disposiciones de seguridad internacional, como el compromiso en el no uso de la fuerza; y, tercero, el retorno de los desplazados internacionales. Como pone en evidencia el ministro, Rusia no ha cumplido ningún progreso en estas tres principales dimensiones de los Geneva Talks, poniendo en riesgo todo el trabajo hecho hasta ahora por los georgianos. Por esa razón, el rol de la comunidad internacional es fundamental para que sea un factor disuasivo frente a las violencias y hostilidades hacia Georgia.

Las conclusiones que se pueden sacar de este webinar son varias: en primer lugar, la priorización de este tema en las distintas agendas es un deber para los países miembro de la Unión Europea, cuya fuerza se basa también en una Europa oriental que todavía sigue en condiciones precarias y desestabilizada por la agresividad rusa; en segundo lugar, es importante que la comunidad internacional se active para presionar a la Federación rusa. A tal propósito, iniciativas como la introducción del ex – país soviético en un régimen sancionatorio, como el promovido por la Unión Europea, son opciones válidas para disuadir a Rusia; y, en fin, no hay que subestimar la importancia de declaraciones conjuntas por medio de las cuales denunciar los incumplimientos y las violaciones perpetradas por los rusos. Como lo afirmó la eurodiputada Marina Kaljurand “no poder cambiar a Rusia no significa que no deberíamos hacer nada”.