Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos

9 de diciembre de 2020

Bielorrusia convulsionada

Hoy existe una sociedad aún fuerte y decidida, la oposición plantea algo tan justo como diálogo y nuevas elecciones, la Unión Europea ofrece apoyo económico, hay posibilidades de juzgar a los responsables de la represión y las torturas, Rusia puede mediar en las negociaciones. Todo está dispuesto para alcanzar una salida pacífica y democrática.
Por Ignacio E. Hutin
@iehutin

Bielorrusia convulsionada

Por primera vez en más de un cuarto de siglo, Bielorrusia tiene frente a sí la posibilidad de un cambio, de una apertura democrática nunca antes vista en esas tierras. El Foro de Minsk, organizado desde 1997 por la Asociación Germano-Bielorrusa, junto a, entre otras, la Fundación Konrad Adenauer y la Fundación Friedrich Ebert, tuvo este año por lema “Bielorrusia Convulsionada” y se centró en la crisis política desatada tras las elecciones presidenciales del 9 de agosto. Aleksandr Lukashenko anunció entonces que había obtenido más del 80% de los votos y se mantendría como presidente, cargo que ocupa desde 1994. Los increíbles resultados marcaron el inicio de manifestaciones masivas que continúan hasta hoy, tres meses más tarde. El gobierno de Lukashenko tan sólo se ha limitado hasta ahora a responder con dura y violenta represión, detenciones masivas, torturas en cárceles, censura a medios de comunicación locales y extranjeros, y persecución política. La principal candidata opositora, Svetlana Tijanovskaya, se encuentra en el exilio, al igual que Veronika Tsepkalo, parte de su equipo de campaña; mientras que María Kolesnikova, que completó el trío femenino opositor a Lukashenko para las elecciones, se encuentra en prisión.

En este contexto complejo de violencia y con un presidente deslegitimado, se llevó adelante el foro, con el objetivo de debatir alternativas a futuro. Tijanovskaya fue una de las encargadas de abrir la primera jornada y lo hizo en inglés, junto a la bandera roja y blanca que representa a la oposición a Lukashenko, en contraposición con la enseña roja y verde de tiempos soviéticos. “Pagamos un alto precio por nuestra dignidad. Más de 30 mil personas han sido detenidas, miles han sido torturadas, 8 han sido asesinadas. Mi esposo está en prisión desde hace más de medio año y mi hija me pregunta si aún está vivo”, dijo la ex candidata. Luego agregó que “Lukashenko piensa que con la violencia puede reprimir nuestro espíritu de libertad y dignidad, pero esto no va a pasar. A pesar de la represión, los bielorrusos se fortalecen día a día y se mantienen solidarios”. Finalmente convocó a la comunidad internacional a cortar lazos “con el gobierno de terror de Lukashenko”, a dar una señal clara de que no hay posibilidades de progreso sin un cambio democrático en Bielorrusia, “en donde la vida humana y la dignidad sean los valores más altos”.

El Ministro de Asuntos Exteriores alemán Heiko Maas habló de la necesidad de emprender acciones, no limitarse a tan sólo condenar la violencia. “Desde la Unión Europea hemos impuesto e intensificado sanciones al régimen bielorruso. Al mismo tiempo estamos recopilando pruebas para presentar en un juicio sobre abuso a los derechos humanos”, dijo el representante de Berlín. Por otro lado, su colega polaco, Zbigniew Rau, opinó que “no hay posibilidad para nosotros, representantes de la UE, de aceptar los resultados de elecciones fraudulentas o quedarnos en silencio frente a la brutalidad policial. Pero son los bielorrusos los que deben decidir sobre su futuro, no nosotros. La gente de Bielorrusia tiene que poder votar y decidir cómo y con quién quieren reformar su país”.

A lo largo de dos días opinaron sobre las múltiples aristas de la crisis bielorrusa miembros de diferentes gobiernos y de organizaciones de la sociedad civil. La organización lamentó que ningún representante del gobierno bielorruso de Lukashenko aceptara la invitación, por lo que los debates giraron en torno a la posibilidad de una transición pacífica, pero sin saber si, cómo y cuándo el gobierno aceptará entablar negociaciones con la oposición.

Franak Viachorka, consejero de Tjanovskaya en materia internacional, recalcó la necesidad de convocar a nuevas elecciones antes de modificar la Constitución Nacional. “Una vez que se alcance un acuerdo, bastará con 45 días para formar nuevas comisiones electorales y llamar a elecciones, esta vez sí justas y democráticas. Lukashenko podría ser parte de ese diálogo, pero hay una chance muy pequeña y esa chance se está desvaneciendo”, dijo.  Dirk Schuebel, representante de la UE en Bielorrusia, expresó que la organización se ha mantenido neutral hasta ahora, que tan sólo se limita a denunciar las torturas, detenciones, asesinatos y la falsedad de las elecciones. “Creo que podemos hacer más desde el lado económico. Hablamos de un plan de apoyo económico al que denominamos Plan económico integral para la Bielorrusia democrática, que se aplicará cuando se alcance el diálogo democrático”, explicó.

Hasta ahora el principal apoyo internacional de Lukashenko es Moscú, pero esa postura puede cambiar rápidamente. Es entonces relevante el papel que pueda ocupar el Kremlin para presionar al gobierno en Minsk por un traspaso de poder o siquiera por negociaciones. Nadezhda Arbatova, del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de Moscú, destacó que el Kremlin no tiene una buena imagen del líder bielorruso y que apoyará cualquier negociación de traspaso siempre que el próximo presidente no sea claramente pro occidental. “Rusia sabe que si interviene militarmente perderá a los bielorrusos. Sólo intervendrá si hay violencia a gran escala, pero la violencia puede ser provocada por cualquier persona, incluido Lukashenko. El balance actual es muy frágil y puede romperse muy fácilmente”, opinó Arbatova. En ese sentido, Katsyaryna Shmatsina, del Instituto Bielorruso de Estudios Estratégicos, cree que “debemos demostrar a Rusia que las fuerzas democráticas bielorrusas buscan mantener buenas relaciones con Moscú y con occidente, que Rusia no perderá a Bielorrusia, que no hay un sentimiento antirruso”.

En el debate de cierre habló Veronika Tsepkalo, quien se encuentra exiliada junto a su marido y ex candidato presidencial Valeri Tsepkalo. Su mensaje de esperanza en medio del caos plantea la posibilidad de un cambio alcanzable: “lo que pasó en los últimos meses no tiene precedentes, la cantidad de gente que salió a las calles y se enfrentó a la violencia… es muy inspirador. Hay personas presas durante semanas por haber participado de protestas, luego salen de prisión y continúan manifestándose”. Viachorka, que compartió la última discusión con Tsepkalo, opinó que “debemos seguir con las protestas y enriquecerlas con energía, con positividad, con pequeñas victorias. Las protestas son la base para cualquier transformación social”.

Hoy existe una sociedad aún fuerte y decidida, la oposición plantea algo tan justo como diálogo y nuevas elecciones, la Unión Europea ofrece apoyo económico, hay posibilidades de juzgar a los responsables de la represión y las torturas, Rusia puede mediar en las negociaciones. Todo está dispuesto para alcanzar una salida pacífica y democrática. Sólo resta que Lukashenko entienda la situación actual y la acepte.