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Monitoreo de la gobernabilidad democrática

22 de febrero de 2021

¿Tiene salida la política peruana?

La clase política del Perú cayó un peldaño más estos días tras destaparse el vacunagate. El escándalo, a menos de dos meses de las elecciones generales del 11 de abril, no hace sino hundir más la imagen de la clase política peruana y de las instituciones del estado y alimenta la creciente desafección de la población por la política y sus dirigentes. Peligroso escenario. Como ha sido la norma en los últimos 30 años, la debacle política peruana corre por un camino totalmente ajeno al de la economía.
Por Raúl Ferro

Economía Perú

La clase política del Perú cayó un peldaño más estos días tras destaparse el vacunagate, que sacó a la luz que casi medio millar de políticos y otros personajes de la elite fueron vacunados a fines del año pasado contra el Covid-19 de forma subrepticia y cuando recién se estaban haciendo las pruebas para su aprobación en el país. La lista incluye al entonces presidente Martín Vizcarra, congresistas, ministros, al nuncio apostólico y hasta al dueño del Chifa Royal, uno de los mejores restaurantes de comida chino-peruana de Lima.

El escándalo, a menos de dos meses de las elecciones generales del 11 de abril, no hace sino hundir más la imagen de la clase política peruana y de las instituciones del estado y alimenta la creciente desafección de la población por la política y sus dirigentes. Peligroso escenario.

En un conversatorio virtual organizado por el Wilson Center de Washington DC, el presidente interino del Perú, Francisco Sagasti --quien aun siendo congresista en la época del vacunagate ha sido ajeno al escándalo-- señaló que uno de los mayores desafíos que enfrenta el Perú es regenerar la política. Difícil tarea en un país en el que la corrupción entre los políticos está muy extendida y donde todos los presidentes desde el año 1985 –con la excepción del fallecido Valentín Paniagua— están presos o procesados por la justicia (incluyendo a Alan García, quien se suicidó cuando iba a ser detenido). Este entorno de desprestigio explica la falta de entusiasmo de la ciudadanía por las próximas elecciones y la atomización de las preferencias. Es un fenómeno que afecta a buena parte del mundo, apuntó Sagasti. Pero que en el caso de Perú es algo más profundo que en otros territorios, podemos apuntar nosotros.

Como ha sido la norma en los últimos 30 años, la debacle política peruana corre por un camino totalmente ajeno al de la economía. Si bien el Perú ha sido uno de los países más golpeados por la pandemia –tanto humana como económicamente—, es uno de los que podría recuperarse con mayor fuerza en América Latina una vez normalizada la situación sanitaria, coinciden analistas y banqueros. Esto se debe, recordó Sagasti, a las prudentes políticas macroeconómicas implementadas tras el hiperinflacionario caos económico de los años 80 del siglo pasado y que han sido el sello de la política económica peruana en las últimas tres décadas.

¿Sobrevivirán estas buenas prácticas económicas que han permitido al Perú crecer sostenidamente a esta nueva debacle política e institucional? Es una pregunta que nos hemos hecho en los últimos años cada vez que una nueva crisis ha azotado al país.

Esperemos que sí. El Perú y los peruanos se merecen una nueva generación política para lograr que el potencial económico del país y de la ciudadanía mantenga el crecimiento y ayude a cerrar las terribles brechas sociales que, pese a los avances de las últimas décadas, mantienen en la marginalidad a millones de peruanos.

Sagasti dijo estar esperanzado con las nuevas generaciones de ciudadanos, las que salieron a protestar a fines del año pasado cuando el Congreso destituyó de forma legalmente dudosa a Martín Vizcarra. Los miles de personas que colmaron las calles de las principales ciudades peruanas consiguieron que el gobierno ilegítimo surgido de este incidente renunciara a pocos días de haber tomado el poder.

Ojalá estas nuevas generaciones, como dice Sagasti, encarnen el principio de la urgente regeneración de la política peruana.