Derechos Humanos y
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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos

14 de marzo de 2021

Egipto, desde Mubarak hasta Al Sisi: dos caras de una misma moneda

El referéndum crucial celebrado en 2019 estableció una extensión del límite de los mandatos presidenciales. Antes eran mandatos de cuatro años, luego pasaron a ser de seis con una cláusula ad hoc que permite al presidente mantenerse perpetuado en el poder hasta 2030, en vez de 2022 que marca la culminación de su segundo mandato.2019 fue un año signado por una significativa cantidad de protestas en contra del régimen de Al Sisi. Se cuestionó su legitimidad debido a las fuertes represiones por parte de las fuerzas de seguridad.
Por Candice Lacase

África, a nivel región, ha sido foco en los últimos años de una serie de revoluciones sociales y políticas. La llamada “Primavera Árabe”, que comenzó en 2010 y finalizó en 2012, resonó primero en Túnez y luego en Egipto (aunque también a posteriori en otros países), dejando detrás de sí una serie de cuestionamientos sobre los líderes y los regímenes tan duraderos que gobernaban estos países. La Primavera Árabe se extendió hacia Siria, Bahrein, Libia y Yemen. Fue un verdadero estallido social sin precedentes. El 25 de enero de 2011 en la capital egipcia se llevaron a cabo centenares de manifestaciones nunca antes vistas, las cuales impulsaron la renuncia de Hosni Mubarak, que ejerció la presidencia de manera ininterrumpida desde 1981. El epicentro de las protestas fue la plaza Tahrir, dejando un gran saldo de muertos y heridos. Las redes sociales fueron un factor clave en la difusión del discurso opositor al gobierno ya que los partidos que se oponían al régimen establecido no tenían mucha visibilidad. Mohamed Mursi, quien había ejercido la presidencia y fue el único presidente electo democráticamente en la historia de Egipto, lo sucedió hasta poco tiempo después, cuando fue derrocado para instaurar un gobierno militar.

Jóvenes manifestantes se protegen de los combates que tienen lugar en la plaza de Tahrir. El Cairo (Egipto). Enero de 2013, por Moises Saman.

Jóvenes manifestantes se protegen de los combates que tienen lugar en la plaza de Tahrir. El Cairo (Egipto). Enero de 2013, por Moises Saman.

Luego del golpe de Estado de julio de 2013, Egipto se encontró frente a un gobierno de tinte autocrático y a la vez militar, que demuestra una fachada democrática pero que atropella continuamente las libertades individuales y los derechos humanos en general. A pesar de una serie de elecciones, plebiscitos y consultas populares que han sido llevadas a cabo en pos de comprender qué es lo que quiere la voluntad popular. Es fundamental recordar que los militares detentan el monopolio de la violencia y tienen una gran capacidad de amenaza, muchas veces se auto perciben como los últimos garantes del orden ya que sin el apoyo de las FFAA ningún gobierno se sostiene. Nuevamente nos encontramos con una minoría que somete a una mayoría, Alexis de Tocqueville nos advirtió sobre el peligro de la tiranía de la mayoría.

La democracia no tiene la misma forma en todas las sociedades y es importante comprender cuándo se está frente a un gobierno democrático y cuándo frente a uno autocrático. Sartori, reputado teórico de la ciencia política, en su texto ”Lo que no es la democracia”, explica que en un régimen autoritario debe existir un pluralismo limitado, una ideología ausente o poco elaborada, baja movilización política y un líder o coalición dominante. Por el contrario, afirma que en una democracia debe existir la libertad de prensa, de expresión, de reunión y de asociación, entre otras, además de tener un alto grado de participación política. El autor sostuvo que la representación es un elemento constitutivo de un régimen democrático y no puede ser reemplazado. El problema que surge en Egipto es que existe una crisis de representación, las instituciones no se adaptan a los inputs del sistema (demandas), entonces al no lograr resolver las demandas de la población, los outputs (respuestas a esas demandas) nunca son efectivos y despiertan un descontento sistémico en la población.

En enero de 2014 se aprobó la nueva constitución. Orla Guerin, corresponsal de la cadena BBC, opinó al respecto: esta nueva versión fortalece el poder y dominio de los militares, al tener una cláusula que permite que los civiles puedan ser juzgados en tribunales militares. Además que confiere control a los militares para nombrar al Ministro de Defensa y estipula que el presupuesto militar no puede ser supervisado por los civiles.

Esta nueva legislación les brindó más prerrogativas, tanto al Ejército como a la policía y al poder judicial. En mayo de 2014 se celebraron las elecciones en las cuales el General Abdelfatah Al Sisi (antiguo Ministro de Defensa de Mubarak) ganó con el 93% de los votos frente al candidato de izquierda Hamdin Sabahi. Además, en el 2016 se dio un ajuste estructural pactado con el FMI, mediante el cual la libra egipcia se devaluó un 50% respecto al euro y al dólar. Esto último impactó a toda la población, sobre todo a las clases medias y bajas, afectando consecuentemente la gobernabilidad y la situación del país frente a sus principales socios comerciales que son China, Rusia y los EEUU. En marzo de 2018, en unas nuevas elecciones presidenciales, Al Sisi fue reelegido con el 97,08% de los votos. “De acuerdo con las autoridades electorales egipcias, un 7% de las 24 millones de papeletas depositadas en los centros de votación no eran válidas.”

Las elecciones egipcias han sido cuestionadas por Amnistía Internacional y Human Rights Watch, entre otras organizaciones, con la fundamentación de que no han cumplido con los estándares de transparencia. Estas presuntas anomalías abren un interrogante sobre si aún luego de los cambios de líder que ha transitado la población egipcia en los últimos años, el estado de los derechos humanos en ese país ha progresado o no. La cuestión de la falta de transparencia en las elecciones se relaciona con las violaciones a los derechos humanos en el sentido de que, al cometer fraude, en los comicios el resultado se altera, manteniendo a una persona en el poder que no ha sido realmente elegida por el pueblo. Así se genera una crisis de representación dado que asume el poder una persona que no representa la voluntad popular. Además busca utilizar el poder que se le ha otorgado para instaurar un régimen autocrático. La relación se da en el sentido de que si no hubiese asumido Al Sisi, que pretende sostener un régimen autocrático, y hubiese asumido otro candidato que busca instaurar una democracia en su lugar, probablemente estas violaciones sistemáticas a los DDHH no estarían sucediendo.  

El referéndum crucial celebrado en 2019 estableció una extensión del límite de los mandatos presidenciales. Antes eran mandatos de cuatro años, luego pasaron a ser de seis con una cláusula ad hoc que permite al presidente mantenerse perpetuado en el poder hasta 2030, en vez de 2022 que marca la culminación de su segundo mandato.

2019 fue un año signado por una significativa cantidad de protestas en contra del régimen de Al Sisi. Se cuestionó su legitimidad debido a las fuertes represiones por parte de las fuerzas de seguridad.

Los cambios de gobierno bruscos afectan al sostenimiento de la gobernabilidad y su propia legitimidad, generando una crisis de representación, y en el caso de Egipto, inciden consecuentemente en la deplorable situación de los derechos humanos. Es de suma importancia la situación económica que transita el país también. Según el Bertelsmann Transformation Index, Egipto no ha sufrido una gran transformación política en los últimos años (se ubica en el puesto 112 de 137), lo mismo ha sucedido con la transformación económica (se ubica en el puesto 83 de 137). También destaca la idea de que el índice de gobernanza es débil porque las instituciones existentes no logran satisfacer todas las demandas que plantea la población, no tienen la capacidad de responder eficientemente porque hay una crisis de representación. En este último índice se ubica en el puesto 103 de 137.

La situación de los derechos humanos

Los periodistas durante años han sido objeto de persecuciones políticas en Egipto. Los anteriores y corresponsales internacionales de organismos, como ONU, han sufrido abusos de poder por parte del gobierno egipcio simplemente por hacer su trabajo. Amnistía Internacional en el Día Mundial de la Prensa, el 5 de mayo del pasado año, pidió la inmediata liberación de los periodistas que se encuentran haciendo su labor. La libertad de expresión está siendo afectada desde el momento que el gobierno censuró ciertas páginas de Internet como la BBC, Mada Masr, Daily News Egypt, Elborsa y Masr Al Arabia. La censura periodística viola el derecho a la libre expresión que en una democracia es un pilar fundamental.

En Egipto han habido centenares de juicios injustos y también se dieron desde detenciones arbitrarias hasta torturas y malos tratos en esas condiciones. Muchas veces para extraerles información, sobre todo en los casos caratulados como terrorismo por el gobierno egipcio. Disidentes declaran haber estado desaparecidos hasta 183 días contra su voluntad. En el artículo 5° de la Declaración Universal de Derechos Humanos se proclama que nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. La actuación de las autoridades es también violatoria a este artículo, por ende es una afectación a los derechos humanos. Han habido muchos casos de violación a los derechos humanos en las cárceles de Egipto. Este año Amnistía Internacional emitió un informe de la deplorable situación de vida de los reclusos, a muchos de los cuales se les ha negado la atención médica en repetidas oportunidades, lo cual es violatorio del párrafo 1º del artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Un caso que dio la vuelta al mundo es el del joven italiano Giulio Regeni que desapareció en el 2016 y fue hallado muerto en los alrededores de un centro de detención de los servicios de inteligencia egipcios, con marcas de haber sufrido torturas severas. El caso generó tensión diplomática entre ambos países. Otro caso que resonó a nivel internacional es el de la detención arbitraria de varios integrantes del grupo Iniciativa Egipcia para los Derechos Personales (EIPR). La lista de casos de desapariciones forzosas, torturas y malos tratos sigue en aumento.

Conclusión

La crisis de representación provocada por el golpe de Estado, la toma de poder de Al Sisi y su redistribución en manos de pocos, es en sí una violación a los derechos humanos. Este tipo de régimen autocrático necesita legitimidad, y la única forma que tienen los gobiernos autoritarios de lograrlo es a través de políticas antidemocráticas y muchas veces violatorias de los derechos humanos. Que los propios gobernantes no sean el producto de una elección ciudadana provoca distintos tipos de protestas que apuntan contra la ilegitimidad del gobierno. La única forma que tiene el mismo, con raíces autocráticas, para solucionar o acallar las demandas en su contra, es a través de distintos tipos de censura y represión constante frente a los civiles.

Candice Lacase
Candice Lacase
Voluntaria de CADAL. Estudiante de Abogacía y de la Licenciatura en Relaciones Internacionales.
 
 
 
 
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