Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

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Promoción de la Apertura Política en Cuba

13 de agosto de 2003

La democracia argentina festeja a una dictadura

La mayoría de los políticos, y una gran parte del periodismo argentino, al demostrar su fervor castrista se convirtieron en cómplices de las injustificadas condenas a opositores pacíficos en Cuba y de las recientes ejecuciones a penas de muerte en ese país.
Por Gabriel C. Salvia
@GabrielSalvia
Argentina agrega una nueva mancha a su imagen internacional: la celebración de un relevante hecho democrático, como fue la asunción del nuevo Presidente de la Nación, se terminó convirtiendo en la fiesta de una dictadura. Lo más llamativo y condenable fue que muchos legisladores nacionales y autoridades salientes y entrantes del Poder Ejecutivo Nacional le brindaran un reconocimiento exagerado e injustificado al gobernante de la dictadura más prolongada de América Latina.
La recepción fervorosa que tuvo Fidel Castro en Argentina genera dudas sobre las convicciones democráticas en este país y la honesta defensa que se hace de los derechos humanos. La mayoría de los políticos, y una gran parte del periodismo argentino, al demostrar su fervor castrista se convirtieron en cómplices de las injustificadas condenas a opositores pacíficos en Cuba y de las recientes ejecuciones a penas de muerte en ese país. De la misma manera, probablemente contribuirán con su afecto a la dictadura cubana a renovar los necesarios métodos represivos que tiene que utilizar el castrismo para pretender frenar los reclamos de apertura democrática de su pueblo.
A contramano de la seriedad y el coraje de países como Chile y Uruguay, los políticos argentinos desprecian la situación de los derechos humanos en Cuba y ayudan con sus gestos a fortalecer a la dictadura de ese país. Hay casos que realmente son significativos, como el del presidente saliente, Eduardo Duhalde, algunos funcionarios entrantes como el mismo presidente y el flamante Canciller, el de la diputada y ex candidata a presidente, Elisa Carrió, y la del Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra.
El ex presidente interino Eduardo Duhalde, el mismo que contribuyó con su voto a condenar a Cuba el año pasado en la ONU y que este año insólitamente cambió de posición luego del recrudecimiento de la represión en la isla, recibió a Castro con un fuerte abrazo y en ningún momento apeló a su supuestas convicciones religiosas para pedirle al dictador que libere a los opositores pacíficos.
El flamante presidente, Néstor Kirchner, quien en su discurso ante la Asamblea Legislativa mencionó como parte de la futura política exterior de la Argentina el apoyo a la democracia, no le realizó al dictador Fidel Castro durante la reunión que mantuvieron ningún reclamo de apertura democrática en su país. Tanto Kirchner como Rafael Bielsa, Ministro de Relaciones Exteriores, no tuvieron el coraje y la convicción por el respeto a los derechos humanos para plantearle a Castro su preocupación por las recientes detenciones y fusilamientos en Cuba.
La vehemente diputada Elisa Carrió se refirió a Castro como un personaje histórico, eludiendo en todo momento referirse a la situación de los derechos humanos en Cuba y a su falta de apertura democrática. Para Carrió el régimen castrista es parte de la historia, como si el presente no existiera e ignorara que los 76 detenidos por delitos de opinión hace dos meses ya empezaron a cumplir penas por las cuales pasaran una parte importante de su futuro, o el final de sus vidas, en las cárceles castristas.
Una de las actitudes más despreciables la tuvo el actual Jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra, quien elogió y condecoró al dictador cubano en un acto público. Llama la atención que Ibarra, un ex Fiscal, desconozca las aberraciones jurídicas del sistema legal cubano. Ibarra se abrazó con el dictador que decidió ejecutar recientemente a tres ciudadanos porque pretendieron huir de su país robándose una lancha. Que curioso, porque es el mismo Ibarra que como profesor de derecho penal en la Universidad de Buenos Aires entregaba un libro a sus alumnos en el cual dejaba clara su oposición a la pena de muerte.
Que pena que Argentina celebre de esta manera sus veinte años desde el retorno a la democracia. Que pena que la izquierda se muestre tan autoritaria justificando una dictadura de 44 años por sus supuestos méritos en materia de políticas sanitarias y educativa, emulando así a sectores de la derecha conservadora que admiran las reformas de mercado bajo la dictadura de Pinochet. Que pena el periodismo parcializado que sirvió de vocero del dictador, en cuyas cárceles cubanas se registra a nivel mundial la mayor cantidad de periodistas detenidos.
La visita de Castro dejó la amarga sensación de una falta de evolución en la cultura política argentina, a lo cual contribuye mucho la enseñanza parcial en las universidades públicas y el papel militante de una buena parte del periodismo. Por eso, es necesario redoblar los esfuerzos en la difusión de las libertades civiles, políticas y económicas en Argentina y el resto de Latinoamérica, ofreciendo en consecuencia un compromiso de mayor solidaridad con quienes sufren las peores restricciones a esas libertades: el pueblo cubano y especialmente los valientes demócratas que se encuentran en las cárceles castristas por desafiar al pensamiento único en ese país.

Gabriel Salvia es Director del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina www.cadal.org