Derechos Humanos y
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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos

4 de mayo de 2020

Venezuela se encuentra en caída libre

Si se toma la definición de «transformación» que ofrece la propia Bertelsmann Stiftung: «un cambio integral y políticamente impulsado en el que un sistema autoritario y un orden económico dominado por el Estado o clientelar evolucionan en dirección a la democracia y hacia una economía de mercado»”, no cabe duda que el proceso en Venezuela ha estado lejos de esto. Su situación, de hecho, es tristemente calificada por el informe como un «milagro en reverso», con todos los indicadores relevantes desplomándose en apenas una generación.
Por Alejandro Di Franco
@Aledifranco98
Nicolás Maduro - Venezuela

A la luz de los eventos ocurridos durante los últimos años en Venezuela es interesante observar aquellos índices que registran la evolución democrática, el desempeño de la economía y el estado de la gobernanza de los distintos países. El Índice de Transformación de la fundación alemana Bertelsmann hace, justamente, eso; busca ver en los Estados en desarrollo qué políticas se están tomando para un mejor rendimiento respecto de estos indicadores.

El índice publicado este año cubre los eventos ocurridos entre el 1° de febrero de 2017 y el 31 de enero de 2019: es decir, llega a abordar la proclamación de Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional y su reconocimiento por decenas de países, y el inicio de las protestas a gran escala que habrían de continuar durante todo 2019.

En el ámbito político, la situación no podría ser más crítica: las últimas elecciones que dieron por ganador a Nicolás Maduro no fueron consideradas como legítimas por la mayoría de los países democráticos ni por la mayoría de los venezolanos. Desde enero del año pasado esto hizo que hubiese dos gobiernos paralelos: el de Maduro, por un lado; y el de Guaidó, por otro. Se ha capturado prácticamente la totalidad del aparato estatal e impuesto su ideología.

La manera en la que se llevan a cabo elecciones en Venezuela ha empeorado tanto en los últimos años que su puntaje ha caído de un 8/10, en 2006, a un 2/10, en el actual informe. Los comicios ya no se realizan según un calendario fijo, sino que se llevan a cabo para favorecer al régimen, que, además, controla por completo el Consejo Nacional Electoral. En tanto, a muchos partidos se les ha prohibido participar por haber boicoteado las elecciones ilegítimas para la Asamblea Constituyente.

No es sólo la elección del gobierno, sino también el desempeño de éste el que ha empeorado: sin separación de poderes ni debido proceso, con una Corte Suprema adicta y con abusos frecuentes del poder. El régimen es impune ante prácticas represivas -sobre todo, en el marco de protestas- y delitos, como pueden ser el tráfico de drogas o el lavado de dinero.

En este contexto, no es sorprendente que muchas libertades civiles estén en peligro: el informe advierte cómo la libertad de asociación se ve amenazada, con jefes partidarios siendo arrestados y protestas brutalmente reprimidas. La libertad de expresión también ha decaído, se han silenciado voces en contra del gobierno, y varios periodistas directamente se han exiliado (de hecho, Venezuela ranquea 145 entre 180 países en términos de libertad de prensa).

Venezuela en caída libre

Pero no es sólo en lo político, sino en todas las áreas examinadas en el informe, que Venezuela se encuentra en caída libre; una de las más preocupantes: la económica. Los indicadores son conocidos alrededor del mundo, incluyendo una caída del 45% del PBI en los últimos 5 años, caídas del 75% en importaciones e inflación superior al millón por ciento. Esto no es todo. El informe, que concede una gran importancia a la competencia de mercado, expresa cómo este concepto es prácticamente inexistente en ese país, generando únicamente desabastecimiento y mercados negros. Ante esta situación, el régimen, lejos de aprender de sus errores, insiste sobre ellos y refuerza su orientación dogmática, aumentando el control del Estado.

Estos errores se deben a las ineficiencias del Gobierno, que decidió monetizar sus enormes déficits (aumentando la hiperinflación), con un Banco Central sin ninguna independencia del Poder Ejecutivo. Además, sus niveles de deuda han seguido aumentando en relación a su PBI (siendo de un 159% del PBI, en 2018). Con un tipo de cambio manipulado y empeorado, y con sus reservas de divisas en caída, el país está en una posición muy vulnerable para emprender cambios que le permitan crecer.

Todo este énfasis en el estatismo no ha hecho que el Gobierno sea más eficiente a la hora de proveer servicios básicos para la población, y las agencias gubernamentales están repletas de fanáticos del régimen, más que de personas que hayan llegado ahí por su competencia. Esto no hace más que disminuir la confianza que los venezolanos tienen en su Gobierno, con 9 de cada 10 de ellos pensando que la corrupción ha aumentado.

A todo esto, se suma una situación internacional cada vez más adversa. El régimen de Maduro podría, incluso, caracterizarse como un paria internacional: la gran mayoría de los países democráticos no reconoce al mandatario como legítimo presidente, sino a su mayor rival, Guaidó. Los organismos internacionales lo condenan; y, a nivel regional, ha sido expulsado del MERCOSUR. A pesar de ello, tiene algunos aliados, como son los casos de China, Cuba, Rusia o Turquía. Sin embargo, esta alianza puede traducirse, en ocasiones, en dependencia, y muchos consideran al Gobierno como un títere del régimen cubano (con Maduro viajando a La Habana antes de tomar cada decisión importante).

Si se toma la definición de “transformación” que ofrece la propia Bertelsmann Stiftung (“un cambio integral y políticamente impulsado en el que un sistema autoritario y un orden económico dominado por el Estado o clientelar evolucionan en dirección a la democracia y hacia una economía de mercado”), no cabe duda de que el proceso en Venezuela ha estado lejos de esto. Su situación, de hecho, es tristemente calificada por el informe como un “milagro en reverso”, con todos los indicadores relevantes desplomándose en apenas una generación. Para encauzar al país hacia el desarrollo haría falta un esfuerzo gigantesco. Lamentablemente, desde la elaboración del informe el panorama no ha mejorado: se ha insistido en políticas fallidas, decisiones económicamente ineficientes, y, sobre todo, se ha acentuado el camino autoritario.