Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Artículos

Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos

30 de abril de 2014

La transición en Burma bajo el control militar

Luego de la ratificación de la nueva constitución semidemocrática en 2008, se tomaron muchas medidas para menguar la centralización e iniciar la transición democrática birmana. Sin embargo, a pesar de los cambios positivos, la mayor parte de la transición democrática en Burma sigue siendo simbólica y superficial. Sirviendo para impulsar más dudas aún sobre el supuesto progreso, está el hecho de que el 25% de los puestos parlamentarios están reservados para el ejército
Por Alexander Doler

Lo que es resultado de la ratificación de una nueva constitución en el 2008, ha traído muchos cambios democráticos y positivos para Burma. Entre otros avances, las regulaciones de los medios han sido relajadas, miles de prisioneros políticos liberados y elecciones democráticas establecidas. Sin embargo, a pesar de estos avances e inclusive muchos elogios internacionales, el cambio permanece superficial y en gran parte simbólico, y el estado de la democracia extremadamente frágil. Según el ejército Birmano, una transición democrática en Burma debe ser un proceso paulatino y requiere el apoyo militar debido a la nueva y extraña naturaleza de un gobierno democrático. Aunque en realidad, tal transición encabezada por un régimen autoritario carece de responsabilidad y transparencia y está lleno de contradicciones.  

Luego de la ratificación de la nueva constitución semidemocrática en 2008, se tomaron muchas medidas para menguar la centralización e iniciar la transición democrática birmana. Una de las primeras y más importantes medidas tomadas por el gobierno fue la liberación de miles de prisioneros políticos en el año 2010, incluyendo la liberación de la renombrada Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz. Otra medida crucial fue la implementación de las primeras elecciones democráticas en muchos años, en 2010 y 2012. Unas elecciones como éstas fueron bienvenidas de verdad en un país que desde hace muchos años está bajo el control militar. Sin embargo, las elecciones de 2010 tuvieron poca cobertura tanto local como internacional, aunque las de 2012 fueron elogiadas por haber sido mucho más libres y reconocidas por ser generalmente libres y justas. Estas elecciones fueron un triunfo arrollador para la National League for Democracy (NLD) de la líder opositora Aung San Suu Kyi, ganando 43 de los 45 puestos parlamentarios disputados, y han sido   reconocidas como un gran avance democrático en el país.

Otro cambio importante que ha surgido de la nueva constitución y ha atraído mucha atención internacional fue la liberalización de los medios y la relajación de la censura. En un país que ha vivido muchos años bajo una dictadura, inclusive las liberalizaciones más leves son una mejoría muy importante. Algunos periodistas y también muchos antiguos prisioneros políticos han gozado de una nueva libertad de publicar sus opiniones sin miedo a la represión. Sin embargo, el partido en poder y el ejército siguen controlando la mayor parte de los medios. Según The Telegraph, “El actual ambiente de libertad proviene del hecho de que la policía y los servicios de seguridad no están ejerciendo su poder de restringir la libertad de expresión”. Por tanto, el caso de Burma representa otra situación cuasi-libre, lo que realmente es una gran mejoría comparada con la anterior situación, pero que sigue a años luz de alcanzar los estándares internacionales democráticos.

La comunidad internacional ha dado la bienvenida al proceso de democratización en Burma; Estados Unidos, la Unión Europea y el Banco Asiático de Desarrollo han ido acabando con sus sanciones sobre el país desde 2010 y han empezado a iniciar acuerdos de comercio e incluso ofrecerle préstamos a Burma. Aunque estas medidas son vitales para que Burma se integre de forma correcta a la comunidad internacional, algunas organizaciones internacionales de Derechos Humanos han criticado la eliminación de estas sanciones, ya que reducen la influencia que tienen estos países y organizaciones sobre Burma, previniendo futuros esfuerzos para apresurar al gobierno a seguir democratizando el país, ya que le falta mucho para convertirse en una democracia duradera.

Sin embargo, a pesar de los cambios positivos, la mayor parte de la transición democrática en Burma, como ya se señaló, sigue siendo simbólica y superficial.  Por ejemplo,  el partido en poder, el Partido de la Solidaridad y el Desarrollo de la Unión (USDP, por sus siglas en inglés) controla la mayor parte de las instituciones gubernamentales y en realidad no es nada más que la nueva careta de lo que previamente era la Asociación de la Solidaridad y el Desarrollo de la Unión que produjo del golpe militar de 1993. Sirviendo para impulsar más dudas aún sobre el supuesto progreso, está el hecho de que el 25% de los puestos parlamentarios están reservados para el ejército, y los puestos son ocupados por soldados del servicio activo. ¿Cómo hace una democracia para funcionar de forma correcta si permanece el acceso a cargos políticos severamente sesgado a favor del ejército y su partido político fantoche? Puede que una democracia esté instalada, si bien el ejército mantiene su posición estratégica y el poder de deshacer todo el progreso reciente si así lo desea.  

En definitiva, la situación en Burma es complicada, ya que inclusive las medidas más leves para abrir el país son ciertamente una mejora sobre la previa dictadura, pero a su vez le falta la transparencia y la participación necesaria para considerarse una democracia verdadera. De esta manera, el camino que le queda por delante a Burma es largo, si bien por el momento, cualquier cambio a favor de la democracia parece estar muy bienvenido en este país.