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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos
 
Chávez auxilia a Kaddafi: una copia de la campaña por la
10 de marzo de 2011
En los años 50 y 60, el Partido Comunista (PC) desarrolló a nivel internacional una campaña "por la paz mundial" en la que se atacaba solo y exclusivamente a Estados Unidos y la OTAN, mientras la superpotencia nuclear imperialista de la URSS era presentada como si fuera Gandhi. Bien, ahora, 60 años más tarde y a menor escala, Chávez hace lo mismo con Libia.
Pablo Díaz de Brito
@pablodb1
 

Los parecidos entre el chavismo, el castrismo y el stalinismo son asombrosos, y es evidente que no son casuales. En los años 50 y 60, el Partido Comunista (PC) desarrolló a nivel internacional una campaña "por la paz mundial" en la que se atacaba solo y exclusivamente a Estados Unidos y la OTAN, mientras la superpotencia nuclear imperialista de la URSS era presentada como si fuera Gandhi.

Bien, ahora, 60 años más tarde y a menor escala, Chávez hace lo mismo con Libia. Sus agencias de propaganda y sus intelectuales orgánicos llaman a una campaña "por la paz" y contra la intervención extranjera en Libia, que es lo mismo que pedir que lo dejen a Kaddafi perpetrar tranquilo el genocidio actualmente en curso (véase el martirio de la ciudad de Al Zawiya). Acá van unas muestras de este repulsivo recurso propagandístico del chavismo: http://www.avn.info.ve/node/47350 y http://www.avn.info.ve/node/47344

También Atilio Borón repite el libreto castro-chavista: http://www.avn.info.ve/node/47357 mientras la BBC reporta que un equipo de sus periodistas fue detenido y sometido a golpes y simulación de ejecuciones durante 21 horas, mantenido en una celda manchada de sangre y desde la que oían gritos de dolor. La complicidad de estos "intelectuales" con el genocidio en Libia es abierto. Sin embargo, por el doble estándar ya mencionado, se salvan de la condena generalizada que sufriría la derecha si, por ejemplo, hubiera salido a defender a Mubarak y su represión con 300 y pico de muertos.

Y ya es escandaloso el silencio pertinaz de los autodenominados organismos de Derechos Humanos argentinos, formado o dominados por gente de la calaña de Borón. Y seguramente la Bonafini se debe estar mordiendo los codos para no salir públicamente a defender al Coronel Kaddafi, pero debe haber recibido una orden tajante del gobierno de callarse. Esta misma "línea" explica que en Argentina no exista una solidaridad oficial activa y descarada con Kaddafi. El aparato propagandístico K se cuidó mucho de caer en ese grueso error, como puede apreciarse, por ejemplo, en las coberturas de Miradas al Sur y Página 12.

Pablo Díaz de Brito es periodista y analista de CADAL.