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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos
 
¿Adivina quiénes asesoraron a Gaddafi?
30 de mayo de 2011
Algunos de los académicos mencionados han argumentado que la motivación que tuvieron para participar en los proyectos de Monitor fue contribuir a reformas que beneficiarían al pueblo libio. Dadas las cuantiosas sumas que pagó el gobierno de Gaddafi a Monitor -ninguno de los académicos ha revelado cuánto le pagaron-, y lo que escribieron en sus informes y artículos de prensa, alabando al gobierno de Gaddafi y el gran país que lideraba, podemos ser escépticos respecto de esta motivación.
Eduardo Engel
 

Las consultorías de académicos a nivel mundial han hecho indispensable que los investigadores que opinan en temas relevantes aclaren sus conflictos de interés.

Michael Porter, el célebre gurú del marketing que visitó Chile recientemente, asesoró al gobierno de Muammar Gaddafi entre los años 2004 y 2007, redactando un informe en el cual describió al gobierno libio como democrático, no una, sino varias veces. El mismo Gaddafi que antes de estas asesorías llevaba décadas subyugando a su pueblo, que según Amnistía Internacional ordenó la ejecución de 25 críticos a su régimen por todo el mundo y que afirmó que todo aquel que funde un partido político será ejecutado.

Las asesorías de Porter fueron parte de los servicios ofrecidos por la consultora Monitor Group al gobierno libio. Fundada en 1983 por un grupo de profesores de la Escuela de Negocios de Harvard, actualmente Monitor tiene 1.500 empleados repartidos por todo el mundo.

Según el Boston Globe, entre 2006 y 2008 el gobierno libio pagó a Monitor varios millones de dólares por servicios que incluyeron la preparación de una propuesta para un libro que resaltara el liderazgo de Gaddafi en materia de libertades individuales y la organización de las visitas de varios académicos prominentes a Libia (Anthony Giddens, Francis Fukuyama, Joseph Nye y Robert Putnam entre otros) para que se reunieran con Gaddafi y contribuyeran a "resaltar al aprecio internacional" por el líder libio, generando cobertura favorable en la prensa mundial. Una y otra vez, Monitor describió al régimen libio como una democracia "popular" y "directa" mientras más de un académico que se reunió con el dictador redactó columnas de opinión resaltando los "vientos de reforma" que supuestamente soplaban en Libia.

Algunos de los académicos mencionados han argumentado que la motivación que tuvieron para participar en los proyectos de Monitor fue contribuir a reformas que beneficiarían al pueblo libio. Dadas las cuantiosas sumas que pagó el gobierno de Gaddafi a Monitor -ninguno de los académicos ha revelado cuánto le pagaron-, y lo que escribieron en sus informes y artículos de prensa, alabando al gobierno de Gaddafi y el gran país que lideraba, podemos ser escépticos respecto de esta motivación.

Sir Howard Davies renunció a la dirección del London School of Economics (LSE) luego de que se revelara que el gobierno libio había donado varios millones de libras esterlinas a la prestigiosa institución académica británica para financiar una cátedra y contribuir a un centro de estudios.

Según el Financial Times, el LSE se encuentra investigando si hubo plagio en la tesis doctoral que el hijo del dictador libio entregó para recibirse de esa institución. Monitor reconoce haber sido contratada por Seif al-Islam Gaddafi para entrevistar a líderes de organizaciones no gubernamentales e intergubernamentales para su tesis y uno de los profesores de Harvard que visitó a Gaddafi contratado por Monitor le comentó detalladamente un capítulo de su tesis, aunque se defendió argumentando que hace esto regularmente cuando es contactado para tal efecto. No deja de ser interesante que el título de la tesis del más brutal de los hijos de Gaddafi sea “El rol de la sociedad civil en la democratización de las instituciones globales de gobernanza”.

La reputación de los académicos que asesoraron a Gaddafi se ha deteriorado, al menos en la costa este de los Estados Unidos. Según informó el Harvard Crimson, el ex decano de Harvard, Harry Lewis, resumió lo sucedido diciendo que “un tirano compró un informe con los colores de Harvard concluyendo que conducía una democracia”. Lewis pidió que Harvard censurara públicamente a Porter.

Más allá de los costos de reputación, el affaire Monitor-Gaddafi también ha entrado en terreno legal. Según el Financial Times, del 6 de mayo, luego de enterarse de que el gobierno de los Estados Unidos había iniciado una investigación, Monitor Group reconoció haber infringido la legislación estadounidense sobre registro de lobbystas. Las actividades desarrolladas la obligaban a registrarse como lobbysta del gobierno libio, lo cual hizo en forma retroactiva hace unas semanas, aprovechando la oportunidad para registrarse también como lobbysta del gobierno de Jordania.

Un pobre manejo de los conflictos de interés se ha vuelto un problema recurrente de algunos académicos muy destacados. El tema se aborda de manera magistral, a propósito de la crisis financiera internacional de 2008, en la película Inside Job, que hace unos meses obtuvo el Oscar al mejor documental (y que se encuentra disponible en DVD).

En este documental se entrevista a Frederic Mishkin, destacado profesor de la Escuela de Negocios de Columbia en Nueva York, y se le pregunta por un estudio que realizó el 2006 para la Cámara de Comercio de Islandia sobre la estabilidad financiera de aquel país, concluyendo que las instituciones financieras de la isla eran sólidas. Se le pregunta cómo llegó a esta conclusión, en vista del colapso del sistema financiero islandés poco tiempo después, y el profesor responde que se basó en la información que recibió de instituciones financieras islandesas. Se le pregunta por qué el título de la versión actual del informe habla de la "inestabilidad financiera" cuando el título original mencionaba la "estabilidad financiera" y responde que fue un error de tipeo. Finalmente, cuando se le pregunta por qué su informe no mencionó que había sido financiado por la Cámara de Comercio de Islandia, reconoce el hecho y no tiene respuesta.

Un individuo tiene un conflicto de interés cuando uno de ellos podría llevarlo a corromper sus acciones respecto de otro interés. Se trata de situaciones donde el individuo tiene varios intereses apuntando en direcciones opuestas (también se conoce como "competencia de intereses"). Dicho de manera más directa, los intereses en conflicto cuando académicos-consultores opinan sobre temas complejos y relevantes para la ciudadanía, son la objetividad y rigor académico, versus dar argumentos que benefician a un cliente poderoso que paga bien por dichos servicios.

Todos tienen derecho a opinar sobre los temas que deseen, incluyendo los académicos que realizan consultorías. Pero dado que la sociedad espera un grado de imparcialidad de los profesores universitarios, estos deben revelar cualquier conflicto de interés relacionado con la opinión que están dando.

Por ejemplo, la diferencia entre un estudio realizado por curiosidad intelectual, que debiera ser la principal motivación del quehacer académico, y uno realizado por encargo de una parte interesada que remunera generosamente, es importante, por lo cual se debe mencionar cuando hubo financiamiento de por medio. Y si un académico realiza un estudio financiado por una parte interesada en un tema de política pública y luego participa en el debate público sobre el tema, debe mencionar el financiamiento en sus columnas y entrevistas.

Varias universidades estadounidenses están revisando las políticas que tienen sobre conflictos de interés de sus académicos. En Chile, que yo sepa, no hay políticas al respecto. De hecho, ni siquiera hay una legislación que regule y transparente las actividades de lobby, lo cual es grave, pues, como lo ilustra el caso de Monitor y Gaddafi, la legislación sobre lobby fue central para que Monitor reconociera en qué consistieron realmente las asesorías que realizó para el gobierno libio. “Si hubiese sabido que el principal motivo por el cual fui invitado a Libia era para influenciar la opinión pública de los Estados Unidos, no habría ido”, declaró el famoso profesor Robert Putnam, al Boston Globe.

Fuente: La Tercera, 28 de mayo de 2011