Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Artículos

24 de febrero de 2011

La postura argentina sobre Libia: Un bochorno para la defensa de los Derechos Humanos

Frente a un claro episodio calificado de ''crimen contra la humanidad'' por la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, como fue el bombardeo a manifestantes, el gobierno argentino se lava las manos. El ejercicio comparativo entre las claras condenas internacionales y el tibio comunicado de la cancillería argentina es prueba suficiente de la diferencia de onda con la que se maneja nuestro inefable canciller.
Por Aleardo F. Laría
@aleardol

BUENOS AIRES, feb 23 (DyN).- El comunicado "ni-ni" de la cancillería argentina sobre los sucesos en Libia ha resultado ser un bochorno para todas las personas que en la Argentina han defendido la universalidad de los derechos humanos.

Frente a un claro episodio calificado de "crimen contra la humanidad" por la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, como fue el bombardeo a manifestantes, el gobierno argentino se lava las manos como Poncio Pilatos declarando que "expresa su profunda preocupación por la grave situación en Libia, lamenta la pérdida de vidas y los actos de violencia en los enfrentamientos".

Añade que "la República Argentina hace votos para una pronta solución pacífica, dentro de un diálogo democrático constructivo y de absoluto respeto de los derechos humanos y de la voluntad del pueblo libio".

¿Se podría imaginar acaso qué opinión hubiera merecido el comunicado de otro país, en plena dictadura de Jorge Rafael Videla, que hubiera manifestado exactamente lo mismo invocando "su profunda preocupación por la grave situación de la Argentina", lamentando además "la pérdida de vidas y los actos de violencia en los enfrentamientos" y haciendo votos "por una pronta solución pacífica dentro de un diálogo constructivo"?

Con este oprobioso comunicado, la Argentina se coloca al lado de Venezuela, que mostró también "su preocupación por la situación en el país hermano" y se aproxima a Nicaragua, que expresó sin ambigüedades su apoyo al dictador libio, mientras que Fidel Castro, en una columna periodística delirante, denunció que "el plan de la OTAN es ocupar Libia".

La Alta Comisionada de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, Navi Pillay no ha acudido a ningún eufemismo cuando ha pedido que una comisión internacional evaluara cómo se tipifica el uso de ametralladoras, tiradores y aviones de combate para reprimir al pueblo.

Pillay pidió que una comisión internacional independiente investigara si el presidente Khadafy incurrió en delitos de lesa humanidad al ordenar esa forma de represión. En el comunicado, Pillay también reclamó a las fuerzas de seguridad libias que dejaran de emplear ametralladoras, tiradores de elite y aviones  contra los manifestantes.

"La crueldad con la que las autoridades libias y sus sicarios están al parecer disparando con munición real contra manifestantes pacíficos es inadmisible", denunció. "Estoy extremadamente angustiada por el hecho de que se están perdiendo vidas incluso mientras hablo", añadió la funcionaria.

En el mismo sentido, Amnistía Internacional (AI) reclamó a la Liga Árabe que enviara una misión a Trípoli y también le solicitó al Consejo de Seguridad de la ONU que le impusiera un embargo total de armas.

"El coronel Khadafy y su gobierno parecen estar dispuestos a matar a la gente que haga falta para seguir en el poder. La comunidad internacional tiene que actuar ya para acabar con esta situación", remarcó Salil Shetty, secretario general de AI.

Por su parte, la Liga Árabe se sumó a la condena internacional contra el régimen de Khadafy "rechazando la injustificable violencia contra civiles" y denunciando "el uso de balas y armas pesadas para reprimir a los manifestantes, ya que supone violaciones graves de los derechos humanos y de la legalidad internacional".

El ejercicio comparativo entre las claras condenas internacionales y el tibio comunicado de la cancillería argentina es prueba suficiente de la diferencia de onda con la que se maneja nuestro inefable canciller.

Quizás sea probable que a la hora de publicarse este comentario se haya corregido este incalificable desatino diplomático. Pero lo que ya no se podrá borrar de la memoria es la desagradable impresión que queda cuando la ceguera ideológica sirve para ocultar la atroz persecución de un pueblo, a manos de un dictador infame.

Aleardo F. Laría es abogado y periodista.