Derechos Humanos y
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Artículos

5 de mayo de 2011

El regreso del continuismo en América Latina y el debilitamiento de la democracia

(Puente Democrático, Argentina) - En tanto algunos países de la región se afirman en el ejercicio de la democracia y la tradición republicana, hay otros tantos que van camino hacia un nuevo continuismo que podría sugerir una nueva forma de autoritarismo en la región.
Por Ludmila Quirós

Desde hace unos años, la democracia presidencial latinoamericana se está viendo nuevamente amenazada por el regreso del fenómeno denominado continuismo. La alteración de las constituciones nacionales y la perpetuación de los jefes de Estado y de gobierno de varios países de América Latina en el Poder Ejecutivo, están socavando los principios fundamentales de la democracia y la tradición republicana. La historia reciente de América Latina sigue siendo la historia de caudillos aferrados al poder y dotados por excesivas atribuciones legislativas que debilitan la separación de poderes y los controles constitucionales.

Además, en éstas democracias contemporáneas de la región, en teoría liberales, uno de los mayores principios a respetar -la libertad de expresión- se ve irrestrictamente intimada por los gobiernos de turno, que amordazan a los medios de comunicación con “disimulados” mecanismos no democráticos. La libertad de expresión es uno de los elementos fundamentales que el politólogo Robert Dahl sostiene entre las condiciones necesarias para que una sociedad pueda ser llamada democrática o poliárquica, según el término que utiliza el académico para distinguir una democracia ideal de una democracia real.

Sin embargo, de las ocho características que nos aporta Dahl como aquellas que definen las sociedades poliárquicas, una gran mayoría de ellas está alterada o amenazada en la región.

Consideramos que los ejemplos paradigmáticos -y desde ya delimitando grosso modo el número de casos- podrían ser ejemplificados con Venezuela y Nicaragua, mientras que del otro lado del espectro encontraríamos a Brasil y Chile como dos de los países que han trabajado mucho en la conservación de la democracia, a merced de los últimos informes de la Sociedad Interamericana de Prensa sobre el gobierno de Brasil (especialmente el de Lula da Silva) y su situación con la prensa.

En estos dos últimos casos, el continuismo no ha hecho sombra a la alternancia en el poder en el lapso que podríamos iniciar desde los años noventa, cuando ya podemos hablar de un período post-autoritario, “limpio” de regímenes militares o burocrático autoritarios en términos de Guillermo O‘Donnell. No se da lo mismo en Nicaragua, y menos en Venezuela, donde encontramos a un presidente (Hugo Chávez) perpetuándose en el poder por medios poco democráticos.

Por otra parte, los constantes ataques de Chávez a la prensa se han hecho cada vez más evidentes y violentos, aseverando el control gubernamental sobre los medios de comunicación, con medidas tales como la conocida “ley mordaza” o los cierres de cadenas informativas, que por sobre todas las cosas son canales de información.

El fenómeno del continuismo es propio del sistema presidencial latinoamericano, donde la función del presidente se asemeja al de un pater familias, un símbolo de paternalismo puro que detenta un personalismo absoluto, las más de las veces acompañado por una praxis populista. 

Por esta razón en 1927 se firmó el Tratado de Paz y Amistad entre los gobiernos de América Central para establecer la no reelección de sus presidentes por períodos consecutivos, para evitar así la persistencia y estancamiento en el poder de los gobernantes.

La cuestión fundamental en ese entonces fue impedir el continuismo, un fenómeno político que ciertamente amenazó y amenaza a la democracia. El mecanismo de la reelección, podría ser considerado como una forma de “defensa” de la gestión gubernamental y como relegitimación por parte del electorado a un presidente y su gobierno.

El caso difiere según el país y según las últimas modificaciones a las que fueron expuestas ciertas constituciones latinoamericanas. En Argentina, por ejemplo, sólo se permite una reelección consecutiva, aunque hubo intentos de continuismo con la tentativa de Carlos Menem con la famosa re- reelección. En Brasil, Lula podría haber buscado un tercer mandato debido a la alta popularidad que demostraban los índices, pero sin embargo priorizó la alternancia democrática haciéndose a un lado al término de su segundo mandato, sin alterar la constitución. Algo semejante ocurrió en Chile con Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, o en el Uruguay de Tabaré Vázquez.

En conclusión, en tanto algunos países de la región se afirman en el ejercicio de la democracia y la tradición republicana, hay otros tantos que van camino hacia un nuevo continuismo que podría sugerir una nueva forma de autoritarismo en la región, dónde los mecanismos poco o no democráticos son encubiertos por falaces estructuras democráticas que socavan diariamente el gobierno del pueblo y para el pueblo como alguna vez sostuvo Abraham Lincoln.

Ludmila Quirós es Licenciada en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Argentina de la Empresa e Investigadora del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI) para el Observatorio Malvinas.

Referencias bibliográficas.

-Linz, Juan; Valenzuela, Arturo (1997). Las crisis del presidencialismo. Perspectivas Comparativas. Madrid: Alianza Editorial, 1997.

-Lijphart, Arend (1987). Democracias contemporáneas. Un estudio comparativo. Barcelona: Editorial Ariel, 1987.

-Sociedad Interamericana de Prensa www.sipiapa.org

-Archivo diario La Nación.