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Corea del Norte bajo la lupa

10-04-2022

La guerra en Ucrania lo cambia todo, incluido el futuro de Corea del Norte

Andrei Lankov, uno de los expertos más reconocidos en Corea del Norte, asegura que el orden internacional posterior a la Guerra Fría ya no existe y que el mundo ha cambiado con la invasión rusa a Ucrania: una guerra tradicional a gran escala entre los principales países ya no es imposible en el siglo XXI, e incluso puede ser útil como herramienta política. En este contexto, la supervivencia de los Kim, no su caída, es el escenario más probable en Corea del Norte: con la ayuda china, Pyongyang ya no necesita hacer reformas económicas políticamente riesgosas.
Por Andrei Lankov

(NK News) Una era ha terminado. Los dramáticos eventos de los últimos tres o cuatro años y, más recientemente, la invasión rusa de Ucrania han demostrado que el orden posterior a la Guerra Fría de los últimos treinta años ya no existe. Gran parte de lo que parecía seguro se ha evaporado y muchas viejas suposiciones ya no son relevantes, incluso respecto de Corea del Norte.

Es un buen momento para reconsiderar las perspectivas futuras de la República Popular Democrática de Corea [N. del E.: el nombre oficial del país; su sigla es DPRK en inglés y RPDC en español]. ¿Cómo cambiará en los próximos veinte o cuarenta años? Hay varios factores a considerar.

El primero y más importante es la rivalidad entre Estados Unidos y China. Este conflicto recuerda a la Guerra Fría, pero difiere en aspectos importantes: es mucho menos ideológico y es poco probable que se vuelva verdaderamente global. Sin embargo, es probable que esa rivalidad determine todo lo que ocurra en las próximas décadas en el este de Asia.

A diferencia de lo que sucedía en la Unión Soviética, la economía china es notablemente eficiente, mientras que un solo grupo étnico, los Han, conforman la gran mayoría del estado. El nacionalismo étnico, en tanto ideología de facto de la China moderna, produce una mayor cohesión que cualquier concepto basado en una ideología como el comunismo soviético, presagiando una larga lucha entre el águila y el dragón.

El segundo gran cambio es el surgimiento de la tecnología de vigilancia controlada por el Estado. Durante un tiempo, parecía que las tecnologías digitales estaban ayudando a las fuerzas del cambio, la democracia y la revolución, pero ahora, la tecnología de la información parece estar del lado de la vigilancia. El reconocimiento facial, el big data, las aplicaciones para teléfonos inteligentes y otros logros de Silicon Valley permiten que los Estados represivos espíen a sus ciudadanos y acallen el disenso con una eficiencia hasta ahora impensable.

El tercer cambio, y el más reciente, es el final de la larga paz. Más allá de cómo termine la guerra en Ucrania, ahora es claro que una guerra tradicional a gran escala entre los principales Estados desarrollados no es imposible en el siglo XXI, e incluso podría ser útil como herramienta política.

Durante los casi 40 años que he estudiado la RPDC, supuse que en algún momento de mi vida tendría acceso a los archivos de Corea del Norte cuando el país experimentase un cambio de régimen o alguna otra transformación dramática. Siempre rechacé la idea de que la dinastía Kim, a pesar de su gran ineficiencia económica, duraría muchas décadas más.

Pero ahora el mundo ha cambiado, y la supervivencia del sistema en el largo plazo parece ser el escenario más probable. Aún más preocupante es que la invasión de Ucrania ha planteado de nuevo la posibilidad, aunque todavía lejana, de que Pyongyang tenga planes similares para Seúl.

Patrocinar a Pyongyang

Gracias a la rivalidad entre Estados Unidos y China, Pyongyang puede contar con el apoyo de Beijing de forma más o menos incondicional. Atrás quedaron los días en que China estaba dispuesta a apoyar e implementar las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU contra la RPDC, o incluso hablar con Washington sobre acciones conjuntas con respecto a Corea del Norte.

Ahora, la principal preocupación de China es mantener estable a la RPDC y mantener una zona estratégica de amortiguación en sus fronteras del noreste. Esto significa que proporcionará a Corea del Norte granos de baja calidad, combustible y quizás cámaras de circuito cerrado de televisión de forma gratuita y en cantidades suficientes para evitar una hambruna y mantener la vigilancia.

Gracias a la rivalidad entre Estados Unidos y China, Pyongyang puede contar con el apoyo de Beijing de forma más o menos incondicional.

Por supuesto, también hay desventajas para Pyongyang. El liderazgo de Corea del Norte no ve con buenos ojos la dependencia excesiva de ningún Estado extranjero, y China no es una excepción. Pero el ingreso de ayuda china garantiza la supervivencia del régimen, por lo que al final es un buen negocio.

Es probable que también las transferencias de tecnología jueguen un papel en el apoyo de China a Corea del Norte. Las redes de vigilancia, inauguradas en la región china de Xinjiang, son cada vez más fáciles de instalar y mantener. Esto permite a las autoridades ubicar e investigar actividades sospechosas y desviaciones de las normas prescriptas, al menos en las principales ciudades que son las más importantes en términos políticos.

Esto a su vez tendrá un impacto en la política interna de Corea del Norte. En pocas palabras, Kim Jong Un ya no necesita reformas económicas, y las reformas de 2012-2017 ya se han detenido y, en muchos aspectos, han sido revertidas.

Desde el punto de vista del liderazgo en Pyongyang, este es un paso racional. La ayuda china y las tecnologías de vigilancia garantizan una estabilidad sin necesidad de reformas, y el país seguirá encontrando los recursos para ojivas nucleares y misiles balísticos intercontinentales cada vez más potentes.

No tiene sentido entonces involucrarse en iniciativas de reforma difíciles y de alto riesgo político.

Intimidación nuclear

Aunque es probable que Corea del Norte permanezca congelada en el tiempo durante una o dos décadas, seguirá avanzando de todos modos en su programa nuclear y misilístico. Estos programas tienen tres propósitos centrales: ser una herramienta de la diplomacia extorsiva; un instrumento de disuasión y autodefensa y, finalmente, una herramienta de propaganda interna.

Estos programas han sido en gran medida de orientación defensiva y razonablemente inofensivos para el mundo exterior (si ignoramos su impacto destructivo en el régimen internacional de no proliferación, por supuesto). Pero es probable que ahora estén adquiriendo un significado nuevo y muy peligroso.

Hacia 2016-17, Corea del Norte había adquirido capacidades nucleares suficientes para el chantaje diplomático, la disuasión y la propaganda. Pero el régimen no se detuvo ahí, sino que aceleró considerablemente el desarrollo de armas y produjo tres tipos de misiles balísticos intercontinentales capaces de alcanzar Estados Unidos. La RPDC es el tercer país, después de Rusia y China, en adquirir esa capacidad de atacar, al menos en teoría, cualquier ciudad estadounidense.

Todo ello apunta a que los programas nuclear y misilístico de Corea del Norte han adquirido un carácter ofensivo. Cada vez más, existen no solo para preservar el gobierno de Kim, sino también para crear las condiciones que permitan completar la reunificación de la península,  pendiente desde su invasión en 1950.

Los programas nuclear y misilístico de Corea del Norte han adquirido un carácter ofensivo. Cada vez más, existen no solo para preservar el gobierno de Kim, sino también para crear las condiciones que permitan completar la reunificación de la península.

No es un sueño difícil de imaginar: un día en la década de 2030, o incluso en la década de 2050, cuando Estados Unidos esté superado de tareas, o dirigido por un líder aislacionista o haya sufrido una gran debacle en su política exterior, Kim Jong Un o su sucesor ordena un ataque al Sur. El líder norcoreano advierte a Washington que Pyongyang castigará cualquier intervención convirtiendo San Francisco en una pila de escombros. Si es necesario, puede desplegar armas nucleares tácticas contra el Sur, acabando con la superioridad militar convencional de Seúl y demostrando que Kim habla en serio.

¿Qué haría Estados Unidos en ese escenario?

De imposible a improbable

Tal vez quienes toman decisiones en la RPDC entiendan que absorber al rico y populoso Sur no es políticamente factible. El contacto entre norcoreanos y surcoreanos tendría un impacto ideológico devastador entre los primeros. Pero la conquista seguida de ocupación y control directo no es la única opción disponible.

Un cartel en el centro de Pyongyang que reza:
Un cartel en el centro de Pyongyang que reza: "Debemos completar el traspaso de la grandeza de la revolución de una generación a otra".

Consideremos lo que Rusia quería lograr en Ucrania cuando lanzó su invasión, antes de que saliera irremediablemente mal. Las demandas iniciales de Moscú incluían la desmilitarización (léase: disolución de las fuerzas armadas), la desnazificación (léase: control sobre la política y la educación, así como el derecho a disolver partidos políticos, vetar nombramientos y censurar publicaciones) y concesiones territoriales.

La misma fórmula puede funcionar en Corea. En lugar de izar la bandera norcoreana en Seúl, el Norte victorioso simplemente exigirá la desmilitarización y el control de partes vitales de la política interna, así como una compensación económica.

En la situación actual, deberíamos considerar seriamente un escenario en el que Corea del Norte cambia poco, sigue siendo muy represiva y se vuelve cada vez más peligrosa.

No crea que sea un escenario de altas probabilidades. Lo más probable es que no veamos tanques norcoreanos en las calles de Seúl ni misiles Hwasong-17 cayendo en la costa de California como demostración de fuerza. Sin embargo, este escenario ha pasado del ámbito de lo “imposible” a lo “relativamente improbable”, y esto es un gran cambio.

Esto no significa que debamos descartar la posibilidad de una evolución lenta hacia un autoritarismo más moderado al estilo chino, el colapso del régimen seguido de la unificación o una revolución fallida seguida del establecimiento de un Estado títere pro-Beijing. Pero en la situación actual, deberíamos considerar seriamente un escenario en el que Corea del Norte cambia poco, sigue siendo muy represiva y se vuelve cada vez más peligrosa.

Quizá no sea una buena noticia, pero las buenas noticias son escasas en estos días. Simplemente deberíamos adaptarnos al mundo en que vivimos.

Traducción: Agustín Menéndez
Edición: Florencia Grieco

Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la opinión de CADAL.

Andrei Lankov
Director de Korea Risk Group, que engloba a NK News y NK Pro. Es profesor en la Universidad Kookmin (Seúl) y uno de los expertos en Corea del Norte más reconocidos. Se graduó de la Universidad estatal de Leningrado y estudió también en la Universidad Kim Il Sung, en Pyongyang, en 1985.
 
 
 

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