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Año III Número 30 - 25 de abril de 2005
Dos mitos urbanos sobre el sector agropecuario argentino y la permanencia de sus nocivas implicancias
Por Pedro Isern Munné
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“El sector agropecuario argentino no genera valor agregado y crea poco empleo”. Si bien distintos historiadores y analistas sostienen que ambos mitos no tienen ya más que una influencia marginal en la opinión publica, es importante destacar las implicancias negativas de ambas percepciones que se mantienen y, en cierta medida, se han profundizado en la actualidad.

¿Por qué es importante insistir sobre la falsedad de ambos preceptos? Porque la fuerza del mito ha sido tan profunda que las rigurosas refutaciones que han realizado, para el primer mito, el desarrollo biotecnológico y, para el segundo mito, autores como Juan Llach, Marcela Harriague y Ernesto O’Connor en “La Generación de empleo en las cadenas agroindustriales”, no han generado la masa crítica suficiente como para concentrarnos en uno de los verdaderos problemas de política económica que nos ha llevado al subdesarrollo: la mala calidad de la industria argentina y su cojo proceso de industrialización.

El argumento del presente documento no descansa en la vigencia de los dos mitos, sino en la permanencia de sus nocivas implicancias: la mayoría de la sociedad argentina sigue asociando, erróneamente, la explotación de recursos naturales con la imposibilidad de agregar valor y la existencia de un sector industrial (independientemente de su productividad) como condición necesaria para una economía que pretende algún día alcanzar el desarrollo. Así, este documento sostiene que el incipiente y fenomenal desarrollo biotecnológico que se está dando en el sector agro-industrial argentino no solo nos provee la herramienta analítica para refutar definitivamente la falsedad del primer mito, sino que además nos facilita una nueva herramienta de economía política que ligue, por primera vez en la historia económica, las ventajas comparativas argentinas con un genuino proceso de industrialización y con un desarrollo eficiente del sector servicios. El punto es crucial, porque la biotecnología ha logrado, vía el mecanismo espontáneo de mercado (naturalmente ajeno a las decisiones de política industrial del gobierno de turno), exponer un proceso eficiente de industrialización de la economía argentina junto al acceso en la era de la alta tecnología.

Así, mientras el sector más eficiente de la economía (el agropecuario) no solo inserta a Argentina en un eficiente proceso de industrialización (sin la intervención de una “política pública industrial”), sino que al mismo tiempo la ingresa en la vanguardia tecno y biotecnológica, una parte importante de la opinión pública del país sigue asociando producción agropecuaria a exportación de comodities sin valor agregado. ¿Por qué no alcanza siquiera la explícita exposición del mito del empleo hecha por Llach, Harriague y O’Connor, ni el valor agregado industrial y de servicios desarrollado (y en proceso de desarrollar) por el complejo biotecnológico? Este documento intenta describir la historia del problema y una oportunidad.

Pedro Isern Munné es Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL). Es Master en Filosofía Política (London School of Economics and Political Science), Master en Economía y Ciencia Política (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) y Licenciado en Ciencia Política (Universidad de San Andrés). Colaboró en la redacción del libro “Mitos del milenio. El fin del trabajo y los nuevos profetas de apocalipsis” (Marzo 2004, CADAL/TIMBRO).